EDITORIAL
“No te dejes vencer por el mal”
“Más bien vence al mal con el bien”. Este ha sido el mensaje de Su Santidad, Juan Pablo II, para la Jornada Mundial de la Paz, de la Iglesia Católica, que se efectuará el 1º de enero 2005.
Sin embargo, la frase es, tal vez, uno de los pocos puntos optimistas en los que insiste el Pontífice, quien a sus 84 años y a lo largo de un amplio peregrinar por el mundo, ha visto quizás, demasiadas imágenes de injusticia y desesperación.
“Al contemplar la situación actual del mundo, no se puede ignorar la impresionante proliferación de múltiples manifestaciones sociales y políticas del mal; desde el desorden social a la anarquía y a la guerra; desde la injusticia a la violencia y a la supresión del otro” señaló el Papa a la prensa internacional.
Con tono preocupado, Juan Pablo II, líder espiritual de más de 1.000 millones de católicos, recordó en su mensaje, a las autoridades políticas de todo el mundo, la responsabilidad que tienen para lograr y mantener el bien público.
Y sobre todo, resaltó el deber moral del mundo desarrollado de ayudar a erradicar la pobreza, insistiendo en que debe existir una “verdadera cooperación internacional con el aporte de cada nación” y solicitando, específicamente, a las naciones ricas, que sigan reduciendo las deudas de las más pobres.
La Jornada para la Paz Mundial llegará el primer día del año 2005, como una necesidad de reflexión y oración ante la carga que la Humanidad ha arrastrado en el presente año, debido a situaciones tan delicadas, dolorosas y perturbadoras como son la guerra de Iraq, los conflictos del Medio Oriente, la amenaza y los ataques terroristas en distintas regiones del orbe.
El llamado urgente del Papa compromete a los creyentes para que desde cada sitio, hogar, lugar de trabajo, individuos, familias y grupos sociales recuperen los valores morales que en palabras del Pontífice, “han sido recibidos como don de Dios”.
Dentro de pocos días se iniciará un nuevo ciclo que puede representar la oportunidad que hombres y mujeres, jóvenes y niños, tenemos para emprender una senda distinta en la que recobremos la fe, las buenas intenciones, la belleza espiritual y un íntimo deseo de entender, respetar y amar al prójimo.
Y aunque algunos representantes de las agencias de noticias que han difundido el mensaje Papal a través del mundo, han indicado que en esta ocasión, sus palabras denotan más desaliento que esperanza, más bien debemos ver la realidad reflejada en su llamado y la invitación clara a que cada uno de nosotros se convierta en protagonista del cambio de actitud, indispensable para alcanzar la paz y la estabilidad.
Esperamos que este mensaje tenga eco en miles de personas, pues la experiencia nos indica que no porque el panorama haya sido oscuro, tenemos que resignarnos a seguir en lo mismo. Pensamientos positivos, energía personal y acciones concretas, serán decisivos para clarificar nuestro entorno y abrirnos la puerta a un mejor espacio donde vivir y desarrollar nuestros ideales y proyectos, y por supuesto, a un mejor país.
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