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San José, Costa Rica, Viernes 1º de abril de 2005, 01:57:19.

EDITORIAL

El verdadero rostro de los humildes

Luzmilda Solano recibió el pasado martes, durante la conferencia de prensa tras el Consejo de Gobierno y de manos del Presidente de la República, el carné que la identifica como miembro de un Comité Tutelar de Menores, proyecto implementado en nuestra nación por Dinadeco, conjuntamente con Unicef y la Embajada de Canadá.

El acto duró segundos, apenas los suficientes para ver la cara limpia de esta señora, desconocida para una mayoría. Pero este breve espacio nos permitió apreciar el gesto risueño y bondadoso, la mirada cristalina y la actitud honesta, sencilla y reposada, de quien se ofrece, voluntariamente, para trabajar por su país.

Éste y no otro, es el rostro de los humildes.

Sin embargo, en ocasiones, incluso los medios de comunicación confundimos la verdadera humildad con la postura victimizada, hipócrita y enfermiza de muchos que quieren mostrar, frente al prójimo, una faz medianamente serena, calladita y replegada, que no despierte ni pasiones ni críticas.

El verdadero rostro de los humildes se trasluce en distintos rasgos: es una mezcla de ingenuidad y viveza; de alegría y disposición para el trabajo; de sana esperanza y arraigada fe; es también dulzura, dignidad, transparencia y afecto. Y todo ello, se proyecta a través de una mirada limpia, porque son los ojos y gestos los que reflejan el fondo del alma.

Humildes en Costa Rica, hay muchas personas. Están tras los mostradores, brindando siempre una sonrisa franca; los hay además en mercados, pueblos, pulperías, campos y aulas... Desde allí, siempre laboriosos, ponen esfuerzo, vida y corazón al servicio de los demás, siempre dispuestos, siempre contentos de ayudar.

Los humildes no son quienes vociferan en calles y avenidas ni quienes con la excusa de su precaria situación, apuñalan y con rencor, aguardan a su presa en las paradas de bus o en la sombra del parque.

No son los que justifican su inercia achacándole culpas a gobiernos y propietarios, ni son quienes abuchean, pisotean y lastiman los valores patrios, morales y religiosos de este pueblo de paz.

Gastar la palabra humildad, consignándola al viento como un galardón fácil de obtener que sirva de escudo para trifulcas, irrespeto y vagancia, es propio de aquellos que quieren teñir de rosa su oscuro fondo.

Por eso debemos tener cuidado al calificar de “humilde” a personajes falsos, entre los que hemos metido, en un mismo saco, a políticos corruptos pero zalameros, futbolistas voraces e indisciplinados, funcionarios parcos pero materialistas y profesionales poco éticos y mentirosos.

Humilde la Magdalena que con amor del más puro limpió los pies de su Señor. Humildes los campesinos que dan Gloria a Dios al final de su dura y trabajada cosecha. Humildes los que pelean por sus principios y por los demás, con la fuerza de la palabra y de la obra. Humildes los sanos de corazón, que confían en su Dios, en sus hermanos y en su propia fortaleza y esperan siempre lo mejor...

Ultima actualización de esta página: 01/03/2008 14:01:00.
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