EDITORIAL
¿Referéndum...sí o no?
La idea de que se realice un referéndum con respecto a la aprobación -o desaprobación- del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, que ya ha sido ratificado en varias naciones del istmo, pero que en la nuestra ni siquiera se ha discutido formalmente en el Congreso, no es del todo descabellada, pero ha sido lanzada a destiempo.
Y no sólo decimos que falló el sentido de oportunidad, debido a que en breve este tratado será examinado en el Congreso norteamericano, con los países suscritos, sino también porque pese a las agrias oposiciones, fuertes críticas o vehementes defensas, la mayoría de los costarricenses saldrían a pronunciarse sobre el tema, desconociendo detalles importantes sobre los que pesan aún grandes nebulosas.
En realidad, pocos ticos han profundizado en el TLC y la mayoría de la población, aunque a veces se expresa a favor o en contra, motivados por lo que escuchan o por lo que les dicen, realmente no sabe de qué trata este convenio y que tanto importan las ventajas y “desventajas” para el futuro desarrollo comercial de Costa Rica.
No podemos decir que los mismos medios de prensa tenga certeza de lo que el tratado conlleva, pues en negociaciones comerciales y políticas, como éstas, muchas veces la sustancia es materia de la más absoluta discreción y por supuesto, gestiones y tratos, en la intimidad de las reuniones, recaen sobre la conciencia y los hombros de quienes han sido designados para representar al país en estas decisiones. Esa es la natural cadena de mando y responsabilidad que los Estados ejecutan en la administración, en ellos depositada por elección popular, de cada país.
De manera que si en un corto plazo, se organiza un referéndum, muchos saldrán a participar por la novedad que ello representa, por hacer “bulto” o en el peor de los casos, por divertirse, pero muy pocos lo votarán con clara conciencia de la decisión que están tomando, sea para decir sí o para negarse.
Ahora bien, si el Gobierno se toma su tiempo para explicar al dedillo los distintos capítulos del tratado, organiza foros de discusión abierta, lo desmenuza y expone a través de los medios de comunicación, para que la información le llegue, de forma clara y concisa, a letrados y gente sencilla, no dudamos de que la inteligencia y capacidad de ticos y ticas, su más íntimo sentir y sus deseos, quedarán expuestos en los resultados de esta convocatoria popular.
La figura del referéndum es tentadora para las autoridades, pues de esa manera, como cuando votamos para elegir a nuestros gobernantes, si se comete un error debemos callarnos y esperar a que las cosas se desarrollen de la mejor manera posible, pues son decisiones que no tienen “vuelta de hoja” y estaremos todos involucrados.
Claro que también resulta atractiva porque permite que todo el que así lo desee, exprese su parecer de manera civilizada.
Sin embargo, insistimos en que para ello -incluso para que la parte operativa marche a la perfección- se necesita más tiempo. ¿Lo tenemos a estas alturas? ¿Podemos poner nuestra decisión “en espera”?
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