EDITORIAL
Nada que celebrar
El Gobierno celebró el pasado miércoles los primeros 100 días de gestión. Los teóricos de los temas políticos sostienen que durante esos primeros 100 días, cada administración debe adoptar las medidas de
mayor impacto que le permitan asentarse en el Gobierno y fijar las pautas del proceso que se seguirá en el resto de los cuatro años.
Si lo asumimos de esa manera, entenderemos que se haga un informe de labores al país con ocasión de cumplirse el citado período. Pero, de allí a celebrar, hay una gran distancia.
No creemos que haya nada que celebrar.
En primer lugar, las cosas buenas que se hayan hecho debieron hacerse, y por tanto, no hay nada de particular en ello, salvo que se asuma que no había forma de hacerlas.
En segundo lugar, si bien el Gobierno ha estado trabajando en los temas más importantes de la administración, lo que marca algún tipo de avance con respecto a ellos, a la fecha no se ha completado ninguno de los procesos legislativos o administrativos que demandan las diversas situaciones que el país está viviendo.
Así, la formulación de los proyectos de ley para el fortalecimiento del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y para la apertura del monopolio estatal del mercado de las telecomunicaciones, sigue su marcha, aunque apenas y se está por terminar la elaboración de los documentos.
El Tratado de Libe Comercio sigue en etapa de análisis en el Congreso de la República.
Y, por lo que se ve, seguirá durante muchas semanas más.
El arreglo de las calles apenas comienza y se hace a contra pelo de lo que recomiendan los especialistas, que es trabajar este tipo de obras en la época seca.
En el tema de la evaluación de las instituciones, no se ha completado casi nada.
Lo que anda por allí es la recomendación en el caso del Consejo Nacional de Producción, pero aún después de revisarlo una y otra vez, pareciera que la recomendación, hoy avalada por el Gobierno, no fue la mejor.
En fin, la lista de tareas pendientes es muy larga, como para que los jerarcas del Gobierno se hayan ido a celebrar.
Es cierto que se está apenas empezando y, seguramente, muchas de las cosas contempladas aquí apenas arrancan.
Pero, precisamente por eso es que no se debe celebrar.
Y estamos seguros de que las máximas autoridades del Gobierno lo saben, porque el propio Presidente de la República, Óscar Arias, reconoció y se quejó -van dos veces en una semana- de que en este país las cosas caminan mucho más lento de lo deseable.
Nosotros creemos que lo mejor es mantener la línea del trabajo, con objetivos muy claros, que de alcanzarse redunden en beneficio de la población en general.
El país necesita de una actitud clara en la dirección que hemos apuntado.
Y la primera responsabilidad en el tema compete a los que está al frente del Gobierno.
Y un capítulo aparte merece el tema de la destrucción de armas, que desde nuestro punto de vista, debió darse en otro momento.
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