Editorial
Mal arranque
El Poder Ejecutivo asumió desde el lunes pasado el control de la agenda de la Asamblea Legislativa, como resultado de la aplicación de la normativa constitucional que introduce las sesiones extraordinarias.
Y, desde Casa Presidencial se diseñó una agenda que, a criterio de las principales autoridades del Ejecutivo, comprende los temas prioritarios que ya están listos para ser debatidos.
Pero la primera sesión de la Asamblea se quedó corta con respecto a las pretensiones de Casa Presidencial, que ha insistido en la urgencia de que se discutan con amplitud los proyectos, pero también, que sean sometidos a votación oportunamente.
Es cierto que los dos proyectos que, por estar ya dictaminados en Comisión, se podían analizar en el Plenario, fueron regresados a la primera instancia para revisar algunos puntos particulares. Pero eso no justifica que la sesión del lunes haya terminado casi como un pleito callejero, en que más que actuar como diputados de la República, algunos parecían algo peor que esos fanáticos que han terminado confundiendo el fútbol con cualquier cosa menos con un deporte como el que es.
Es curioso: cada cuatro años se cambia la integración de la Asamblea Legislativa, y nuestra legislación no permite la reelección consecutiva de los diputados. A pesar de ello, muchos legisladores parecen copias calcadas de otros que les antecedieron. Y esto es algo que se repite período tras período, y no lo decimos por los pocos casos en que se copia lo bueno, sino por la alta proporción de copias de lo malo.
Da la impresión, a veces, de que algunos al sentirse diputados, se empecinan en asumir actitudes muy bajas para tratar de “lucirse” en un escenario como la Asamblea, y les cuesta entender que son miembros de un Poder de la República, y que esto exige de ellos otra actitud.
Los insultos, las arrogancias, los dobles sentidos, y hasta un cierto dejo de irresponsabilidad comienzan muchas veces a marcar la actuación de algunos diputados, que creen que tratando de “bajarle el piso” a otros, es como se sale adelante y se defiende una tesis.
El país reclama discusiones de altura; serias, directas. El país reclama diputados que se centren en los temas de la agenda nacional y dejen las malas películas para sus escenarios personales, si así insisten en desearlo. Pero está muy mal que cobren salarios del erario público para hacer especies de circos como el del lunes, cuando el diputado Óscar Núñez atacó al Partido Acción Ciudadana y su fracción.
No comulgamos con algunas actuaciones de legisladores del PAC, y hemos cuestionado algunas posiciones del máximo líder de esa agrupación, Ottón Solís. Pero de esa discusión seria y frontal, a la posición que asumió el diputado Núñez, queda mucho trecho.
Los diputados deben construir en bien del país, en lugar de ampliar los pequeños abismos que los separan. Es algo que algunos no entienden, pero que es necesario que se les haga saber. Porque escogerlos le cuesta mucho dinero al país, y mantenerlos durante cuatro años, cuesta aún mucho más.
Es indispensable, pues, que actúen en correspondencia con esa realidad. El tema no da para segundas interpretaciones.
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