Una reflexión sobre la dolarización
Carlos E. Serrano Rodríguez
ancadis@ice.co.cr
De nuevo el ambiente nacional trae a estudio y discusión la dolarización de nuestra economía, como condición para reducir la inflación, las tasas de interés y evitar una crisis financiera, tomando como base las experiencias de Panamá y El Salvador. Prevalece el objetivo macroeconómico sobre la realidad que viven los países del área y la situación microeconómica.
Está bien que este tema se discuta y que se conozcan las experiencias desde el punto de vista macroeconómico, pero no está bien y no se vale, que el análisis sea parcial y no integral, además de sesgado, y que se pierda de vista la realidad social y laboral de los países.
Los expertos que debatieron en el seminario “Dolarización en Costa Rica” hicieron una excelente exposición sobre esta materia tan importante y especializada, e insistieron en que la medida debe ir acompañada de otras acciones que permitan al país mantener la competitividad y mejorar la distribución de la riqueza. Quedó claro el riesgo que tiene
nuestro país al jugar con una dolarización espontánea -todo se ofrece y calcula en dólares-, mientras que los ingresos y pagos de las mayorías son en colones. También se mostró que la medida ayuda a enfrentar las adversidades naturales de la economía y su relación con el ambiente internacional, que podría tener repercusiones negativas si se presenta una crisis en Estados Unidos, lo que exige la aplicación de medidas paralelas para contrarrestar los efectos. En economía siempre se afirma que cuando se cierra un hueco, se abren otros, por lo que siempre hay que buscar el equilibrio. ¿Tendremos capacidad de gestión para hacerlo?
Pero lo que no se analizó o no comentaron los expertos invitados al seminario fueron los efectos en la calidad de vida, en los índices de desarrollo humano y los niveles tanto de riqueza como de pobreza en las poblaciones de los países que han dolarizado su economía. Resultando sus criterios muy parciales, por cuanto la realidad que viven los ciudadanos en El Salvador y Panamá (escuchado de intelectuales y propios trabajadores de estos países) es que para ellos la dolarización no ha sido favorable y que más bien han resultado perjudicados porque el nivel de salarios y su capacidad adquisitiva se mantuvo o se redujo, aumentó el desempleo y el nivel de pobreza para más personas, que tienen que contar con al menos dos trabajos para sobrevivir y, esto que son países con condiciones financieras mucho mejores que la nuestra (ingreso de remesas del exterior y mercado financiero fuerte). Por supuesto, para la clase que detenta el poder económico la medida sí fue acertada y muy beneficiosa, se demuestra con un gran progreso en el campo de la inversión y la infraestructura en construcción y obras viales y la llegada de capitales extranjeros para explotar el turismo y desarrollar la actividad inmobiliaria. ¿Por qué no se analizaron los efectos humanos, sociales, ambientales y laborales?, ¿por qué la tendencia a estudiar parcialmente las realidades de nuestros países?, ¿qué intereses se defienden?.
En Costa Rica los estudios económicos recientes nos dicen que la economía muestra resultados positivos y se da un dinamismo interesante, pero los índices de desarrollo humano que nos mostró el último informe del Estado de la Nación nos desnudan y hacen poner los pies sobre la tierra respecto a la realidad humana y social, sin dolarización (¿Qué pasaría si se dolariza?). El estudio y el debate debe continuar, pero con un enfoque integral y creo que la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica y el Colegio de Profesionales en Ciencias Económicas deben propiciar la discusión y profundizar en el análisis, para que se disponga de toda la información necesaria para que la opinión pública pueda formarse un criterio más objetivo sobre las ventajas y desventajas que tendría la dolarización para el país y todos sus ciudadanos.
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