Fundada en los tiempos cuando los propios jerarcas no presentaban propuestas para incrementarse el salario en 4,4 millones de más por mes.



De dichos y otros pienses
por Ricardo Dávila B.
qdDg.
Sonarle la flauta
Esta locución nos recuerda la fabulilla en
donde un burro (sinónimo de estúpido)
al resoplar en el pasto, de pura casualidad
le sacó varios sonidos a una flauta que se
hallaba perdida en el zacate. Esta locución
musical le viene de perillas a tanto
mediocre con suerte politiquera, que
“de vez en cuando y de cuando en vez”, como toda productividad “sostenida” y
en cuenta gotas, les “suena la flauta”.
Todo esto dicho sin pensar en nuestro
fútbol, porque si allí esto se diera, sería
un concierto de flauta con un sonsonete
monótomo, viáticos y gastos de
representación incluidos. ¡Qué pacho!
¡Qué quería,
Galleta María!
Fue a principios del pasado siglo,
cuando nuestros campecahos ancestros
conocieron la GALLETA MARIA y las
GALLETAS DE SODA , venidas de
Inglaterra. Pues bien, dichos bocadillos
eran sumemente apreciados por la clase
adinerada de nuestro país, los únicos
que por su poder adquisitivo podían
darse el lujo de comerlas. Es así como
cuando algún mendigo solicitaba una
lismosna en alguna casa, la señora
caritativa al observar cierto mohín de
disgusto en el pordiosero al entregarle
un pan, le espetaba:
¡Qué quería Galleta María!
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