por Ricardo Dávila B.
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El angurriento
El angurriento nunca se llena, nunca
se sacia, pero curiosamente, considera
esto un gran defecto en los demás,
y procura, si de su mano está, mantener
a los que lo rodean, así sean familiares
en situación de una frugalidad que
llega a la escasez, alabando esto, como
una gran virtud.
De ahí, que el “angurriento”, es virtual
candidato a la avaricia, y así, acapara
bienes para adorarlos, verlos, tocarlos,
sobarlos, paro no los disfruta en su
totalidad, es su ego engrandecido y
ensanchado hasta el extásis, que le
engaña y seduce hasta hacerle morir
de inanición, para no tocar sus amorosos
billetes enmohecidos.
Es tal su deleite ante el rimero de
bonos, que se causa un dolor inmenso
ante el pensamiento angustioso de
perderlos en un incendio.
Tal pasión enfermiza, le obliga en
caso de una emergencia, morirse aferrado
a sus riquezas en deleitoso amor
incitado por la angurria ¡Qué tal!