EDITORIAL
La vida no se resume a cifras
Hemos leído con absoluto detenimiento la carta - informe que remitiera a nuestro director, Andrés Borrasé, la señora embajadora de la República Bolivariana de Venezuela en nuestro país, Nora Uribe Trujillo.
En primer lugar, es necesario advertir que nunca censuramos, ni criticamos, ni ofendimos al pueblo de Venezuela, como lo indica la diplomática. Entre hacer señalamientos en torno a un presidente, como lo hicimos en el caso de Hugo Chávez, y referirmos a todo el pueblo venezolano, hay una gran diferencia, y esto no debe perderse de vista.
Es igual que cuando hemos criticado al presidente cubano, Fidel Castro, lo que nunca implica un cuestionamiento al pueblo de Cuba. Nos parece que es un grave error confundir a un pueblo entero con quien circunstancialmente ocupa la primera magistratura.
En segundo lugar, es casi una constante el que los gobernantes terminen haciendo algo bueno, aunque se equivoquen en lo fundamental. Por ejemplo, de Cuba siempre hemos destacado los avances en materia de salud y en educación. Nicaragua, a pesar de su historia reciente y no tan reciente, es un país que en el nivel universitario, por ejemplo, tiene una altísima calidad. El problema es que no muchos tienen acceso a esa educación. Lo mismo sucedía en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que acogió a muchos costarricenses para su formación profesional. Y esto lo citamos para advertir que no perdemos de vista para nada el aporte venezolano a nuestro país a través de la Misión Milagro.
Lo que sucede es que, desde nuestro punto de vista, cuando hablamos de seres humanos, que somos a fin de cuentas los que formamos las sociedades, no podemos resumir la cuestión a las cifras. Porque las cifras a veces distorsionan la realidad. Recordemos cuando el entonces presidente de la República, Abel Pacheco dijo al país que con 30 mil colones mensuales una persona puede vivir.
Hay siempre un derecho fundamental, que es la libertad. Y de ella, no podemos decir que gocen todos los venezolanos en la actualidad. Es claro que en ese país, le va mejor a los simpatizantes de Chávez que a quienes se le oponen. Cuando eso ocurre, es símbolo claro de que algo está mal, porque el Gobierno deja de ser de todos, para ser de unos.
Por cierto, aunque la distinguida señora embajadora nos recuerda que Chávez fue reelecto por un 60 por ciento de votos, pasa por alto una pequeña pero importantísima situación: en esas elecciones y según los datos oficiales del organismo electoral de su propio país, participó alrededor del 60 por ciento de las personas que componen el padrón. Por lo tanto, el 60 por ciento que obtuvo Chávez es en relación con ese nivel de votación y nada más. No se debe confundir, por tanto, con el 60 por ciento de la población, porque ni siquiera se trata del 60 por ciento del padrón.
Y, finalmente, siempre es importante recordar que los organismos financieros internacionales nunca hacen sus propias mediciones, porque no tienen capacidad para ello. Simplemente hacen sus informes sobre la base de los números que les aportan las entidades oficiales locales. Eso explica por qué la UNESCO, la CEPAL, el FMI o el BID, por ejemplo, suelen clasificar tan bien a algunos países, como ocurre con Venezuela y, de seguro, también con Costa Rica.
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