Editorial
Alcaldes y partidos políticos
Los magistrados del Tribunal Supremo de Elecciones se han esmerado en hacer llamados a la población para que participe en las elecciones de alcalde que tendrán lugar en los 81 cantones del país, el próximo domingo 3 de diciembre.
Han insistido en el tema, toda vez que hace cuatro años el nivel de abstencionismo presentado en la primera elección directa de alcaldes fue astronómico, 77,2%, lo que implica que apenas votaron 531.659 personas de un padrón de 2.331.459 electores.
Si a esa realidad agregamos el hecho de que en muchos cantones se presentaron serios problemas con los alcaldes electos, resultado de aquellos procesos de 2002, se entenderá que hay un enorme riesgo de que ahora voten menos personas aún. Recordemos que ha habido casos en los que ni el alcalde propietario ni sus dos suplentes han podido sobrevivir y, en muchos otros lugares, se mantienen en el cargo, pero con un muy ingrato recuerdo para la mayoría de los ciudadanos, por la inoperancia que ha caracterizado a los ayuntamientos.
Todo ese cuadro, sin embargo, no parece
inquietar a los dirigentes de los partidos políticos inscritos a escala nacional.
De hecho, solamente Liberación Nacional logró inscribir candidatos en los 81 cantones, gracias quizá a que arrastró la organización de las elecciones generales de febrero pasado.
De allí en más, todos entran perdiendo, porque no pudieron formalizar postulaciones para el proceso del 3 de diciembre.
Esto demuestra que ni los mismos partidos políticos se han tomado en serio la elección de alcaldes, amén de que no destinaron recursos para financiar las campañas de los aspirantes que lograran finalmente aparecer en las papeletas.
Si los propios partidos no avanzan en esta materia, las elecciones municipales no tendrán futuro. Porque nadie va a conocer a los aspirantes. Estos no van a discutir sobre los problemas de las comunidades y, por ende, nadie sabrá cuáles son sus propuestas de solución.
Cuando se llama a votar, se suele pedir a los electores escudriñar a los aspirantes.
Pero esa es misión imposible, por más pequeño que sea un cantón, porque ahora difícilmente los vecinos que viven en casas pegadas se llegan a conocer.
Esto lleva indefectiblemente a que no se pueda aplicar aquello de que una mala elección es responsabilidad de los votantes, porque están escogiendo a ciegas. Y así no vale. Esta situación debe cambiar. Del financiamiento estatal se debería destinar una parte de los recursos para atender la campaña para las alcaldías.
Es una reforma urgente, que sin embargo los diputados no han querido adoptar.
Quizá sea porque muchos de ellos, en todo caso, debieron sacar dinero de su propia bolsa para acceder a la curul en Cuesta de Moras.
Si queremos un sistema democrático que realmente funcione, debemos dar pasos concretos en la dirección correcta.
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