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San José, Costa Rica, Miércoles 22 de noviembre de 2006, 12:52:47.

A FONDO

José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr

Por supuesto que nos hace felices que un inocente no sea condenado a la cárcel. No conocemos a don Eugenio Millot, y seguramente, no lo vamos a conocer.


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Pero es verdad lo que dijo el Lic. Francisco Dall’anesse: “Es un duro golpe para el país”. Solo que la responsabilidad de ese golpe recae en el Ministerio Público. Con esta sentencia  y otras semejantes, la sociedad costarricense le pierde toda credibilidad. Ya es repetitiva la llamada de atención de los jueces a las fiscalías por malas instrucciones, procesos defectuosos, erróneas recolecciones de pruebas. Estamos llenos de culpables que deben de ser declarados inocentes y nos aterra la posibilidad de inocentes que sean declarados culpables si, diferente al caso de Ivannia Mora, los acusados no cuentan con dinero para pagar un buen abogado defensor que se dedique medianamente a su caso.


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Hace apenas tres semanas mencionamos que expedientes como el de Parmenio Medina, el de Ivannia Mora y los de los ex presidentes, tenían que ser cerrados con una condena, no porque sepamos que los imputados sean culpables, sino porque su absolutoria ocasionaría el derrumbe de la confianza social en el trabajo del órgano en quien se depositó la responsabilidad de perseguir ilícitos con cabalidad.


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El perfil del Ministerio Público desde que ocupa su dirección don Francisco Dall’anesse, ha sido el de promoción periodística. Esta implica un escarnio al acusado y como tal, una violación a sus derechos. Máxime que a los verdaderos delincuentes que son sorprendidos asaltando, violando y matando, les tapan el rostro, pero sobre quienes recaen apenas sospechas, todas las cámaras los retratan.


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Ese estilo obliga a una actuación más meticulosa, esmerada, sin ningún desdoro por la buena fama de un ciudadano. Pero esto no se puede lograr pues en buena proporción el Ministerio Público es hoy una etapa en donde muchos abogados sin capacitación, sin experiencia y sin sentido común sobre la vida, hacen sus primeros experimentos profesionales.


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No es la absolutoria de Millot la vergüenza nacional; sino el que estuviera varios años en la cárcel solo para promocionar el trabajo de un Ministerio Público lento hasta la exasperación, imperito y errático.


Parte de la Sociedad Periodística Extra Limitada.
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