Editorial
Los pleitos en el fútbol
Es sabido que una buena parte de los jugadores de fútbol de este país no tienen una formación académica básica, y que solamente han llegado a destacar por las habilidades que tienen con el balón.
Pero, pese a esa circunstancia, es indispensable que alguien le ponga freno a esos espectáculos bochornosos que se producen cada vez con mayor frecuencia, en los estadios del país.
Eso de retar a pelear a un rival deportivo, o de darse de patadas con el contendiente, son sólo síntomas de otros problemas mayores, que comienzan con los niveles de tolerancia que todos los actores de esta disciplina están mostrando.
Sí, porque la agresividad comienza con la práctica de lanzarle el codo al rival, bajo el pretexto de que se está protegiendo el balón.
Y los árbitros se acostumbraron a no expulsar a esos jugadores, porque alguien les metió en la cabeza que son los responsables de “cuidar el espectáculo”. Entiende por ende, que se daña el espectáculo cuando se le muestra tarjeta roja a un jugador que agrede a otro.
En ese escenario se van formando futbolistas que le pierden el respeto al deporte que practican, y a sus colegas. Y alrededor de ellos van surgiendo aquellos que todo lo justifican en función del resultado del partido. Es el caso de los que se dejan decir que todo obedece al “calor del juego”.
Lo que ocurrió el domingo pasado en el estadio “Fello” Meza, de Cartago, es reprochable desde todo punto de vista.
Estamos todos de acuerdo en que el árbitro Edgar Durán le quedó debiendo al fútbol, con un arbitraje totalmente desastroso, que no se fundamentó para nada en las reglas que rigen esta bella disciplina deportiva.
Pero de allí a las reacciones que se generaron, hay mucha distancia. No se pueden justificar las agresiones físicas ni verbales entre varios de los actores del juego.
Los dirigentes de los equipos deben tomar cartas en el asunto. Ya muchos de ellos le dieron en su momento apoyo a las barras bravas, que terminaron por introducir en el fútbol costarricense las peleas en las graderías, y los enfrentamientos en las calles aledañas a los estadios.
Y ahora, estamos viendo como ya no se requiere de la presencia de esas barras para armar pleitos en los estadios. No. Lo hacen los propios jugadores, pagados por los clubes originalmente para dedicarse a la práctica del fútbol.
Mientras nuestros dirigentes -algunos de ellos de todas maneras incapaces- sigan tolerando estas actitudes, se estará matando al fútbol nacional, que más bien necesita de nuevos aires para salir adelante.
Los dirigentes deben entender que en unos años el fútbol no valdrá la pena si no se cambia el entorno, de manera que los partidos sean atractivos para las familias. Así surgió este deporte, y en ese camino se debe mantener.
Es hora de dejar de pensar sólo en ganar partidos. Y no es que ese ganar partidos tenga algo de malo. Pero no es lo único que debe mover al fútbol.
La palabra la tienen los dirigentes y los jugadores.
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