EDITORIAL
Malos augurios
La relación de candidaturas presentadas ante el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) de cara a las elecciones municipales del próximo domingo 3 de diciembre, encierra un enorme signo de interrogación en torno al futuro de esos comicios.
La Asamblea Legislativa aprobó las elecciones municipales con la esperanza de que, a partir de la participación directa del pueblo en la designación de los alcaldes, se pudiese fortalecer la democracia.
Al menos esa fue la teoría. Nosotros, sin embargo, siempre tuvimos dudas, pues cuando esa participación queda limitada a legitimar situaciones que muchas veces no están bien, en realidad no estamos hablando de una participación efectiva.
Ya los resultados del primer proceso, hace cuatro años, nos comenzaron a dar la razón: 77% de abstencionismo. En principio, las palabras sobran. Pero como pareciera que a nuestros políticos no les alcanza eso para entender la realidad del problema, es imperativo hacer algunos señalamientos.
En primer lugar, es indispensable entender que la gente quiere respuestas, a través de soluciones concretas. Los costarricenses no se están quedando con aquello de que nuestra democracia es centenaria y gracias a ello todo será como la octava maravilla. La gente cobra consciencia, cada vez más, de que la inamovilidad, la inacción, la parálisis, están consumiendo al país. Y eso se siente más allá de lo que digan las cifras macroeconómicas, que de por sí, no son necesariamente buenas. Por ejemplo: señalan tasas de crecimiento inestables y bajas, que no son garantía de nada para nadie.
En segundo lugar, las municipalidades, pese a ser las instancias de Gobierno más cercanas a las comunidades, se han convertido en el primer peldaño para aquellos que quieren figurar y hacer carrera política por el simple hecho de ser políticos.
Si a eso le sumamos las pésimas experiencias que se han presentado en el actual período, en realidad no hay un estímulo para que la gente se emocione con la idea de ir a unas elecciones de alcaldes. Hay un caso extremo, que es el de Corredores, donde el TSE debió retirarle las credenciales, una tras otra, al alcalde, al primer suplente y al segundo suplente. En otros lugares, como Tibás, la responsabilidad simplemente le quedó grande al que el pueblo designó.
Y este punto es importante, porque hay quienes creen que el simple derecho a elegir garantiza una buena elección. Lo actuado por muchos alcaldes en este período se trae esa teoría por el suelo. La verdad es muy difícil que en un cantón la gente se pueda conocer toda entre sí, de manera que nadie deba guiarse por las palabras para escoger. Y mientras esto siga siendo así, de seguro se cometerán más errores.
El sistema tal vez deba ser cambiado. Pero, lo que sí es seguro, es que la actitud de los políticos debe ser otra.
Tiene que haber un nivel de compromiso real que garantice a las comunidades una verdadera oportunidad de desarrollo.
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