EDITORIAL
Muertes en carretera
Los costarricenses nos hemos ido especializando en tomar todo con indiferencia. Se ha convertido en una rutina aquello de leer las noticias sobre accidentes de tránsito.
Problemas como el exceso de velocidad, el falso adelantamiento, el adelantamiento en curva, y otros tantos horrores de los conductores son pan nuestro de todos los días.
Por el lado de los peatones, la desidia, la imprudencia y la irresponsabilidad se suman para ponerlos de cara con la muerte.
Mientras tanto, el número de muertes en carretera sigue subiendo día con día, como si la vida humana fuese tan insignificante que haya que jugar con ella de esa manera.
Y, en este país de teorías y formalismos, a las autoridades del Consejo de Seguridad Vial se les ocurrió, hace varios meses, montar una campaña de concientización entre los conductores, pintando un corazón en aquellos puntos de las carreteras donde murieron personas producto de accidentes de tránsito.
Pero hoy, tiempo después de esa iniciativa, apenas quedan visibles algunos cuantos de estos recordatorios, pues el peso del tránsito los ha ido borrando de poco a poco. Y del mismo modo se han ido borrando de la memoria de los testigos.
Lo más grave es que esa desidia y ese desinterés de los costarricenses llega los a extremos, como cuando tratan de justificarse y hasta alejarse de esa realidad, atribuyendo la responsabilidad del problema al Gobierno.
Cada vez que se lee sobre muertes en las carreteras, se comienza a hablar de la peligrosidad de las vías. Y, sí es cierto que hay criterios incluso de ingenieros que señalan deficiencias técnicas en algunas carreteras, que eventualmente pueden llevar a causar accidentes.
Pero en todo caso, eso está contemplado en los estudios que se hacen sobre el tipo de regulaciones que se requiere.
Precisamente el tipo de regulaciones a las que los conductores hacen caso omiso, porque terminan viendo las señales de tránsito como parte del paisaje que rodea las carreteras.
Como vemos, en todo esto el tema de fondo es la responsabilidad individual.
Es urgente que todos los conductores tomen consciencia de la situación y se llenen de la voluntad necesaria para no incurrir en acciones temerarias.
Y es que, desgraciadamente, las acciones irresponsables no sólo ponen en riesgo la vida de los conductores que incurren en ellas, sino las de todos aquellos que salen a las calles.
En realidad, es así de simple: cualquier persona puede morir en la carretera, y no necesariamente por algo que haya hecho mal, sino por la irresponsabilidad de otro.
Sentimos que hacia este punto deben ir dirigidas las campañas de prevención.
Y dentro de ello debe estar presente un aspecto fundamental: en los accidentes, familias terminan matándose entre ellas, como si la vida fuera un juego.
Estamos seguros de que todos reclamarían si el daño lo causara una persona ajena a ese núcleo.
Pero, este detalle se olvida cuando van al volante acompañados de sus hijos, sus hermanos, sus padres o sus nietos.
Este es un tema propicio para que los costarricenses comencemos a recuperar el interés en algo.
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