Fundada en los tiempos cuando los concursos en nuestro país se hacían para elegir “misses” de “algo” y no para 2.773 placas para taxi.



De dichos y otros pienses
por Ricardo Dávila B.
qdDg.
La cortina de humo
Cuando se tiene una buena imagen
pública, aunque sea sintética, hay que
cuidarla. Ella tiene un precio en el
mercado mercantilizado de la política.
No en vano los aspirantes a Zapote,
gastan ingentes sumas de dinero a los creadores de élla. Hablemos claro, como es tan gravosa, sólo un loco o un
ambicioso descocado por el dinero fácil, la vende. Traigo esto a cuento al
acordarme como cierto personaje, con
una imagen presidenciable endiablada,
renunció a ella ante un ñatazo con poder, en una tarde memorable y breve.
Cualquiera sin mucha contumelia y
pensando mal, podría acertar. En aquel entonces este ciudadano fabricó
“una cortina de humo” para salir bien
librado, pero su imagen se esfumó
Caer como una piedra
Decía el gran escretor ruso GORKI:
“Quisiera ser de piedra para no sentir”.
Si lo comparamos con el dicho que
comentamos, nos daremos cuenta que el
simil es certero. “Caer como una piedra”
lo dice quien está fatigado en extremo;
su cuerpo no es como una piedra que no
siente, pero desea dormir para no sentir,
y cae como cae una piedra, sin saber de nada ni de nadie. Naturalmente que en la
Municipalidad de San José, cuando algún
trabajador comienza a dar un rendimiento
peligroso para todos los demás
empleados, lo reconvienen y le hacen saber que hay que “municipalizarce” y no dejarse “caer por allí como una piedra”.
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