Editorial
TLC y referéndum
La decisión del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) de autorizar la recolección de firmas para una eventual convocatoria a un referéndum vinculante en torno al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC), viene a darle un vuelco absoluto a la discusión del acuerdo.
Si se hubiese dado este paso hace muchos meses, e incluso algunos años, el país se habría ahorrado tanto desgaste que ha supuesto la discusión del tema, aunque esta discusión no haya sido la mejor, ni se haya limitado a la Asamblea Legislativa.
Y le da un vuelco a la discusión, porque obligará a los opositores al TLC a conseguir unas 130 mil firmas -la cifra oficial deberá ser determinada aún por las autoridades electorales- para forzar el referéndum.
Pero, además, los obligará a llevar a las urnas suficiente gente para validar la consulta, mientras quienes están promoviendo el TLC se verán obligados a llevar suficiente gente para imponer su criterio en las urnas.
Esto llevará al país a un escenario interesante, porque será la primera vez en la historia democrática del país que se llegue a definir un tema ajeno a la definición de puestos de elección popular por la vía de las urnas.
Al mismo tiempo es una apuesta complicada, porque si se llega al referéndum, tanto unos como otros deberán aceptar sus resultados. Es decir que quienes están en contra del TLC tendrían que deponer sus posiciones si triunfa el sí, y quienes están a favor del tratado tendrían que renunciar a él si gana el no.
Este es quizá el elemento más importante del nuevo escenario en que se encuentra el país. Y hay que verlo de esa manera porque ya quienes se oponen al acuerdo había dejado entrever que las elecciones presidenciales del año pasado eran una especie de consulta popular sobre el TLC, por el hecho mismo de que Oscar Arias estuviese a favor y Ottón Solís en contra. Pero, al final, pretendieron señalar un empate, que no fue, en esas elecciones, para dejar de lado la posición que ellos mismos defendieron de entrada.
En el referéndum la historia sería diferente. Si una de las tesis gana por un solo voto, pero se cumplen todos los requisitos que fija la ley, entonces los diputados tendrán que resolver el TLC conforme con esa posición ganadora. Y esto aplicará tanto en caso de triunfar el no, como en caso de triunfar el sí.
Entonces, las partes están quemando sus cartuchos de manera decisiva. Pese a los riesgos de un sistema que no ha sido sometido aún a prueba en el país, es sano que así sea, porque esto permitirá resolver de una vez por todas el dilema.
Lo otros es que, de llegarse a ese añorado punto final, todos, opositores y defensores del TLC, deberán comprometerse en una participación activa en un proceso de reconciliación nacional. Y este punto lo citamos conscientes de que será difícil, por las pasiones que ha desatado el tema del TLC. Pero, una vez más insistimos en que, quienes quieren jugar bajo las reglas de la democracia, deben saber que pueden ganar algunas y pueden perder otras. No hay vuelta de hoja.
|