Editorial
Acciones en educación
El ministro de Educación Pública, Leonardo Garnier, decía ayer en LA PRENSA LIBRE que lo importante para mejorar la calidad de la educación es tomar acciones desde ya.
Estamos totalmente de acuerdo con el señalamiento, pero no nos queda claro a qué acciones se refiere ni sabemos si corresponden a una planificación en torno a lo que debe hacerse.
A veces, la parálisis puede ser nefasta para un país. Pero otras veces el hacer por hacer es lo que se torna más peligroso. Por lo tanto, se debe evitar la tentación de caer en ese error.
Compartimos con el ministro Garnier las
preocupaciones en materia de capacitación de
educadores. Cuando se ve que muchos nuevos
profesionales no dominan elementos básicos de la formación educativa, en tanto no saben pensar ni escriben o se expresan adecuadamente, se
comienza a entender que en su paso por el sistema educativo formal nadie prestó a atención a estos aspectos. Por tanto, el resultado no podría ser otro.
El Ministro advierte las nefastas consecuencias que puede traer caer en la rutina, que lleva a prestar más atención a los formalismos administrativos que a la formación en el aula. Con ello, dice, se termina por separar la administración de la educación de la política educativa. Y tiene razón. Pero, desgraciadamente, no anuncia pasos concretos para revertir la situación.
Al inicio de la actual administración se dijo que no observaríamos grandes cambios en el curso lectivo de este año, toda vez que la mayor parte de la planificación ya estaba hecha. Esto es comprensible. Pero si a la fecha no se pueden puntualizar ajustes para 2008, entonces algo no anda bien. Se percibe que nos podemos seguir quedando en la retórica en torno a las causas del problema, sin haber avanzado formalmente hacia la búsqueda de soluciones.
Nos preocupa que el ministro Garnier no pueda “aterrizar” sus ideas cuando habla de la acciones que han de tomar. Si se ha capacitado a 1.300 docentes, este es un paso importante en tanto es más del doble de los que recibían esa capacitación en el pasado. Pero es una cifra muy baja en relación con la planilla efectiva de educadores que tiene el Ministerio.
Ahora bien, dice Garnier que el año pasado, bajo un esquema de plan piloto, se usaron las pruebas de bachillerato para detectar posibles deficiencias en la formación de los jóvenes y que este año se aplicará de manera más sólida ese esquema. Pero, si esperamos a casi finalizar el presente curso lectivo para hacer esa valoración, los cambios no estarán para el próximo año. Esto supone que, si acaso, será en 2009.
Es cierto que las buenas decisiones solo pueden resultar de los buenos procesos de valoración. Pero nos parece que se camina muy despacio en un tema que es de extrema urgencia. Tal vez hasta de manera desarticulada, porque cuando se fijan metas de cobertura a través del programa Avancemos, para darle asistencia a los estudiantes, también es importante saber que se invierten bien esos recursos en la formación integral de los muchachos.
Los ajustes deben ser sólidos y oportunos.
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