Editorial
Toma de decisiones
Para acabar con un problema es necesario, claro está, que alguien tome conciencia de la existencia de ese problema y plantee una solución.
En el ámbito de la legislación, si bien muchos sectores pueden asumir como propia la responsabilidad de aportar a las soluciones, es en realidad a los diputados a quienes corresponde hacer valer las transformaciones, a través de la aprobación de las leyes.
Pero, en el medio costarricense cada vez se torna más difícil que los diputados asuman con la responsabilidad del caso esa responsabilidad. A partir del momento en que a alguien se le ocurrió que Parlamento deriva de “parlar”, y que este término hace referencia a la discusión de los diferentes asuntos, los diputados se perdieron en un mar sin fin.
Ahora resulta que la Asamblea Legislativa no está para tomar decisiones sobre los asuntos que llegan allí, sino que la primera tarea de los diputados es la discusión. Y lo han llevado al extremo de discutir por cualquier cosa y en cualquier dirección.
De esa manera se ha terminado por dejar de lado la creación de leyes y, con una facilidad pasmosa, cuando se toca el tema aparecen aquellos diputados prestos a aclarar que la Asamblea no es una fábrica de leyes.
Por supuesto que ya lo sabemos. No se trata de hacer leyes para todo. Pero sí es una obligación de los diputados resolver los temas que les llegan. Así, si creen inoportuna una nueva ley, pues simplemente votan en contra de la iniciativa y siguen con el otro asunto. O si creen que es necesaria esa legislación, entonces votan a favor y, del mismo modo, acto seguido van con otra cosa.
Esa, sin embargo, no es la mecánica. Nuestros diputados prefieren discutir los temas todo el período, para evadir así la responsabilidad de tomar una decisión. No les importa si la vida sigue o no, o si están retrasando o no la marcha del país.
Y, de nuevo, al decir esto, suelen aparecer aquellos que argumenten que los proyectos requieren un estudio a conciencia. Nosotros estamos de acuerdo con este punto. Pero entendemos que hay una gran diferencia entre no resolver algo y someterlo a un estudio a conciencia.
Nuestros diputados se refugian en los pretextos. Esos mismos pretextos a los que acuden para tratar de explicar por qué han requerido de tres meses para votar un simple proyecto de Ley para que el feriado del Día de la Madre se disfrute el propio 15 de agosto y no al lunes siguiente. Así, se pretende corregir una estupidez en que cayeron otros diputados en el pasado, que pensaron que era mejor anteponer los intereses de los empresarios turísticos a los de las madres costarricenses.
Y, como suele ocurrir cuando los diputados en realidad no tienen conciencia de lo que hacen ni asumen con la responsabilidad del caso sus obligaciones, pese a que sabían de problema desde hace mucho tiempo, para variar no resolvieron la reforma legal a tiempo. Así, el Día de la Madre, pese a ser el miércoles de la presente semana, será disfrutado el lunes entrante, y no aplicará ninguna variante sino hasta el próximo año… si es que finalmente queda en firme la nueva ley.
Es obvio que diputados de este perfil le salen caro a cualquier país.
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