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San José, Costa Rica, Jueves 23 de agosto de 2007, 07:23:54.

Editorial

Óscar Arias y Daniel Ortega

Quizá aunque los dos siempre añoraron volver a ocupar la presidencia de sus respectivos países, ninguno de los dos se imaginó nunca que el otro también lograría ese objetivo, y menos aún que coincidirían nuevamente en la misma función.

Lo cierto del caso es que Óscar Arias es, veinte años más tarde, presidente de Costa Rica, y Daniel Ortega es, veinte años más tarde, presidente de Nicaragua.

Lo que está por verse es si a los dos países les convenía o no esta coincidencia, dados los antecedentes de la relación entre los dos políticos. Y, de momento, la realidad tiende más a sugerir que no.

De hecho, ya sea porque así se lo plantearon o simplemente porque todos los factores confabularon para ello, quedaron en medio de un juego de circunstancias que no permitieron que se pudieran reunir, a pesar de que concertar una cita es normalmente sencillo.

Consecuencia de ese juego de circunstancias, fue el que pese a que Arias llegó al poder hace más de 15 meses, recién esta semana se encontró con Ortega, quien volvió a la presidencia en enero pasado.

Y aunque no han trascendido mayores detalles sobre la cita sí queda la sensación de que, al menos para Ortega, constituye una especie de gran triunfo político. Lo parece porque el encuentro fue en Nicaragua, pese a que al menos en dos ocasiones el gobierno nicaragüense anunció que Ortega vendría a Costa Rica, y finalmente no se concretó la visita.

Y huele, además, a triunfo de Ortega, porque la invitación para que Arias fuera a Nicaragua llegó de una entidad de la Iglesia Católica, lo que comprometió a que la respuesta de Arias no pudiese ser negativa.

Como si eso fuese poco, la posición de Ortega le permitió montar casi un circo alrededor de la llegada de Arias a Nicaragua, pues lo fue a recibir en su vehículo y más tarde lo trasladó al aeropuerto, conduciendo él mismo y parando en el camino para dar declaraciones a los periodistas y tomarse fotos haciendo de “chofer” de Arias.

En el fondo, claro está, esa no es una victoria real, porque Ortega no sacó nada en concreto más que el hecho de haberse reunido con Arias; al menos que se sepa. Pero esto pueda que no interese ni a Ortega ni a los otros políticos nicaragüenses, urgidos siempre de disputar posiciones con Costa Rica, aunque al final nadie salga ganando absolutamente nada.

A pesar de ello, sin embargo, Arias tampoco parece tener mucho espacio de maniobra en esa relación. Su discurso conciliador choca con otras manifestaciones fuertes hechas en el pasado reciente contra Ortega y dejan espacio para los signos de interrogación alrededor de su verdadero interés.

Frente a un panorama como este, no cabe duda de que las relaciones entre Nicaragua y Costa Rica exigen una especie de borrón y cuenta nueva. Está claro que los temas de agenda seguirán siendo los mismos, pero los actores tendrán que cambiar la dinámica por una más efectiva.

Eso sea dicho sin conocimiento de si se logró o no avanzar en esa dirección en la cita del martes pasado.


Parte de la Sociedad Periodística Extra Limitada.
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