Editorial
De nuevo Chávez y Ortega
Cuando se escribe sobre estos temas, suelen aparecer aquellas voces de quienes consideran que si no se está con la izquierda, a fuerza de irracionalidad se tiene que estar con la derecha. Se les olvida que existe el centro, y con ello, caen en la misma irracionalidad que critican.
Pero, en todo caso, esas voces críticas no pueden acallar valoraciones como las que aquí haremos, a propósito del inicio de un nuevo periodo de Gobierno del presidente Hugo Chávez, en Venezuela, o la vuelta de Daniel Ortega a la Presidencia, en Nicaragua.
Chávez, no hay duda, recibió un apoyo mayoritario en las últimas elecciones. Pero ese apoyo se concentra en los sectores más pobres del país, que siguen teniendo la fe de que su Gobierno los saque de esa condición. Lo que pasa es no han cobrado conciencia de que Chávez llegó al poder hace ocho años, y en ese tiempo, no han sufrido un cambio que mejore su situación.
Chávez critica a sus opositores porque aduce que han polarizado al país. Pero él mismo ha contribuido a ello, con sus ya tradicionales exabruptos, el más reciente de los cuales fue contra el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, apenas esta misma semana.
Da la casualidad de que, siendo el mismo día la toma de posesión de ambos, Chávez pudo estar en Nicaragua a tiempo para participar de la toma de posesión de Daniel Ortega. Esto pasa apenas unos días después de que el venezolano hiciera llegar a nuestros vecinos del norte una serie de plantas generadoras de energía, con el pretexto de paliar la crisis que allí se vive en esa materia.
Nos parece que las coincidencias entre ambos mandatarios serán muchas, pese a que Ortega cambió su discurso por uno más conciliador, desde las últimas semanas previas a su elección.
Se percibe en ambos una aspiración de confrontar a la derecha. Eso está bien cuando se plantean argumentos. Pero la confrontación traducida en pleito no genera nada a nuestras sociedades. Más bien, con ello se termina por favorecer lo mismo a lo que se oponen.
Aunque este tipo de líderes suelen buscar, también, la confrontación externa, pues eso permite distraer la atención en momentos complicados de política interna, la verdad es que siempre dejan ver que tienen importantes temas pendientes. Chávez, entre otros asuntos, en lo tocante a las garantías civiles y las libertades democráticas y económicas. Ortega, en lo tocante a la corrupción. Porque mucho se ha hablado de sus pactos con el reo convicto -aunque también ex presidente- Arnoldo Alemán. Cuando la lógica exige un cambio en esa materia, el mismísimo Alemán aparece raudo, saludando a los dignatarios extranjeros y a la población nicaragüense en el acto de toma de posesión.
Ortega tiene que dar señales claras de que plantea un gobierno diferente. Tanto él como Chávez deben responderle a su pueblo... a todo su pueblo. No solo a la parte que a sus interese convenga.
Ambos están escribiendo parte de la historia de sus países. De ellos mismos dependerá lo que allí se registre.
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