Editorial
Managua y su misterio
Durante la semana que termina, el Poder Ejecutivo de Nicaragua presentó ante la Asamblea Nacional un requerimiento para aumentar el presupuesto del Ministerio de Relaciones Exteriores, bajo el argumento de que se requieren fondos adicionales para enfrentar los juicios que mantiene con Colombia, Honduras y nuestro país, en la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
La decisión no tendría nada de particular, salvo por el hecho de que el ministro Samuel Santos se negó a darle detalles a la prensa, bajo el argumento de que “eso queda en el ámbito de la seguridad nacional, porque en la medida que se den algunos de estos detalles, la contraparte sabe lo que estás haciendo. Entonces, tenemos que ser sumamente cuidadosos”.
Los nicaragüenses están en todo su derecho de reservarse los datos sobre los recursos que pretenden destinar a la defensa de sus argumentos en los diferentes juicios por temas fronterizos. Pero de allí a argumentar un tema de seguridad nacional, eso sí deja mucho que desear.
Tratándose de un Ejecutivo que está iniciando funciones, esta actitud puede ser muy peligrosa, porque anuncia que cuando no se quieren dar explicaciones, se acudirán al trillado recurso del secreto. Y cuando un Gobierno opera a espaldas de su pueblo, es cuando se comienzan a presentar los problemas de excesos e irregularidades.
En todo caso, el argumento del secreto no tiene mucho sentido, porque decir cuánto dinero se pidió de más no supone en modo alguno que países como Costa Rica, Colombia u Honduras puedan llegar a saber qué es lo que se está planteando a nivel legal por parte de Nicaragua.
De hecho Costa Rica, por ejemplo, ya sabe quiénes componen el equipo de abogados de Nicaragua. Y aunque eso puede cambiar sobre la marcha, no necesariamente afectará el desarrollo del proceso. Por cierto que en el caso costarricense, Nicaragua se abstuvo de hacer observaciones o cuestionamientos al documento presentado por nuestro país para sustentar la acusación elevada ante La Haya. Puede ser que los funcionarios de aquel país piensen que esto les dará alguna ventaja en su defensa, pero en todo caso, es algo que está por verse, y no depende para nada de que se guarde secreto, o no, en torno al monto de dinero destinado al proceso.
Deberemos esperar algunos meses para entender si la posición adoptada por el ministro Santos será parte de una política de Estado en el vecino país del norte. Pero de entrada, es una llamada de atención, especialmente porque el presidente Daniel Ortega ha comenzado a lanzar mensajes confusos sobre el rumbo que pretende tomen las cosas.
Si bien sus mensajes posteriores a las elecciones fueron conciliadores, y dirigidos a despejar dudas en el ámbito político, muy pronto comenzó a alternar manifestaciones y acciones contradictorias con esos propósitos.
Tiempo al tiempo. Pero no queda mucho espacio para la esperanza cuando se observan situaciones como las que nos ocupan.
|