Fundada en los tiempos cuando en nuestro territorio no existía una banda especializada en traernos indígenas panameñas para pedir limosna.

De dichos y otros pienses
por Ricardo Dávila B.
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Yo maceo
Entre los años del cuarenta y ocho,
el centro de San José era un garito completo
y paraíso de los tahúres y fulleros
profesionales bien entroncados con el poder político, con decir que se jugaba dado hasta en las gradas de la Catedral, está dicho todo.
La Soda Palace, El Sesteo, La Perla,
La Esmeralda, Los Cuatro Gatos,
Club Sport La Libertad, La Gimnástica
Española, La Casa Libanesa y los que
olvido, formaban en una sola cuadra, una
especie de Las Vegas en pequeño con sus
traganíqueles, scratch, dados. bacarat,
veintiuno, poker, ruletas montecarlo, sin
faltar los prostitutos, drogadictos y lo
fundamental en los garitos: El doctor,
el prestamista que se aprovecha prestando con usura exacerbada.
La propagación del vicio era tanta,
que jugaban nuestras abuelitas junto con sus nietecitos, pues era como toda tontería humana, muy chic.
Olvidaba decir, cómo los coroneles
junto al Gobernador, pasaban la gran vida recogiendo por las noches sus gabelas por
tolerar la corrupcción que el vicio del juego trae consigo.
Allí, en esas mesas nació el “maceo”,
una forma de decir apuesto, ya que al
hacerlo, se golpeaba la mesa, como lo hace
el juez con su maza sobre el buró.
¿Quiénes recuerdan esos tiempos?
Quedan ya pocos.
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