Fundada en los tiempos cuando el MEP no cuestionaba la preparación de los estudiantes.



De dichos y otros pienses
por Ricardo Dávila B.
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CAITEARSELAS
No está muy lejana de nuestra historia
patria el uso de aquel adminículo, protector de los caminos pedregosos y los yerbajos espinosos, por nuestros abuelos, llamados CAITES.
El Diccionario de Costarriqueñismos de
Miguel A. Quesada designa el caite como
término despectivo de zapato, pero no es así.
El caite fue prenda necesaria para nuestros
agricultores que no se podían permitir usar
zapatos por lo alto del precio y además por
la falta de costumbre, ya que les hacían llagas infames difíciles de curar, por el contacto
constante con el suelo y la falta de atención
médica de entonces. La mayoría de nuestros
trabajadores campesinos usaban caites
hechizos de cuero crudo sin curtir.
Este era una especie de sandalia, compuesta
de una plantilla ampliada con dos tiras de cuero formando una red, durísimas para sostener el pie, utilizando el dedo gordo y el siguiente, para subir sobre el empeine a realizar la atadura con las correas que subían abrazando el calcañar, hacia la garganta del empeine.
Así que el dicho “CAITEARSELAS”, como
el otro de ‘DAR AGUA A LOS CAITES”,
supone a un campesino que tiene que apurarse en la primera acepción, pero correr, en la
segunda, ya que para efecto de movilidad, debe suavizar el cuero primero en cualquier
quebrada, que no le habría de faltar entonces,
en que la planificación urbana no había llegado
para entubar las aguas.
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