Editorial
El miedo no se impuso
La manifestación que realizaron este lunes los opositores al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, tuvo la particularidad de mostrar mucho de aquello que ha caracterizado históricamente a los costarricenses: la tolerancia.
Y esto nos llena de esperanza, porque en los últimos meses los discursos se estaban saliendo de tono y comenzaba a parecer que se perdía la razonabilidad.
La marcha fue ordenada y sin sobresaltos. Se reafirmó una vez más que quienes quieren expresarse, lo pueden hacer sin problemas. El miedo se quedó atrás, y no dominó para nada el ambiente. A pesar de que en los días previos hubo personas, tanto entre quienes están a favor del Tratado como entre quienes están en contra, que se esforzaron por crear un escenario de temor, al final se impuso la lógica.
Esto es Costa Rica. Esto siempre ha sido Costa Rica. Esto debe seguir siendo Costa Rica. Un país de paz, de democracia, de tolerancia y de respeto por las opiniones ajenas. En ese escenario, no cabe que a nadie se le trate de descalificar por lo que piensa. Es, tristemente, lo que venía ocurriendo a propósito del TLC, donde especialmente los opositores, habían insistido en que solo a ellos se les dejara expresarse.
Dentro de ese contexto de esperanza que se deriva de lo ocurrido ayer en las calles de San José, queda sin embargo un sinsabor. Lo genera esa insistencia de los sectores de oposición al Tratado de pretender imponer el retiro del acuerdo de la corriente legislativa, como condición previa para un diálogo con el Gobierno.
La actual administración siempre defendió el Tratado desde la campaña política. En eso, indefectiblemente hay que darle la razón al presidente Óscar Arias, pues nunca ocultó su posición con respecto a este tema. De manera que quienes votaron por él, lo hicieron conscientes de que en su Gobierno impulsaría la ratificación del plan.
Desde esa perspectiva, insistir en el retiro del TLC de la corriente legislativa no parece una buena lógica. Y menos aún si, como lo planteaba ayer en esta misma página el Licenciado José Cabezas en su columna “A Fondo”, lo único peor que aprobar el TLC es no aprobarlo.
En todo caso, si se quiere un verdadero diálogo, la opción no se puede construir sobre la base de la renuncia previa de uno de los sectores a algo con lo que está de acuerdo. Esto obligaría a la contraparte a hacer lo mismo, y hasta el momento los que se oponen al TLC no han dicho al país a qué estarían dispuestos a renunciar.
Este aspecto debe corregirse. Y la razonabilidad exhibida ayer en las calles de San José debe marcar la pauta para lo que sigue. Si quienes se oponen al Tratado no han podido convencer a suficientes diputados para que la Asamblea Legislativa rechace el asunto, entonces deberían dejar que las cosas sigan su marcha, antes de amenazar con paralizar el país. Esa es la esencia del ejercicio democrático, con el que todos los costarricenses deberíamos estar comprometidos.
Son apuntes para que reflexionen todos, porque más que el mismo TLC, pueden ser estos elementos los que terminen definiendo el futuro de nuestro país.
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