Editorial
Un enfoque más serio
Se ha comenzado a tejer toda una novela alrededor del tema de la creciente ola de asaltos a turistas en nuestro país. Con esto hay que tener cuidado, porque se puede caer en el gravísimo error de pensar que este mal es exclusivo de Costa Rica, o que es simplemente resultado de que las autoridades policiales no presten atención al problema.
Es lamentable que ocurran hechos delictivos. En esto no se deben hacer diferenciaciones entre turistas y nacionales. Tanto derecho tienen unos como otros a la protección de su integridad y de sus bienes.
Este es un primer elemento respecto del cual se suelen emitir criterios extraños, dando la impresión, incluso, de que no importa que se produzcan asaltos, mientras los extranjeros no sean las víctimas.
Lo otro es que aquí no se trata de un asunto de acción policial. Más bien es resultado de las deficiencias en la legislación, que hace que muchas de las situaciones en que incurren los delincuentes no sean sancionados por la ley, o se restrinjan a simples contravenciones que no tiene sentido procesar, dado que no llegarían a ninguna parte. Desde esa perspectiva se pueden llenar las calles de policías que no se revertiría la situación, porque los delincuentes seguirán actuando a sus anchas, con la única diferencia de que llegarán más tarde a sus casas, al tener que dar una vuelta adicional por la comisaría.
Al margen de esto, hay también un problema cultural que no se está apreciando en toda su magnitud. Lo es porque cada vez más personas se acostumbran a vivir de lo ajeno, aun cuando ni es más fácil así, ni es menos peligroso. Pareciera que se trata de fastidiar por fastidiar, en un claro irrespeto por la vida humana, que ha llevado a que cualquier acción delictiva esté acompañada por un exceso de violencia y por la disposición de matar.
Tal vez esta sea el área que mayor reto represente, no para las autoridades, sino para la sociedad como un todo, que debe encontrar respuestas para la seguridad de sus ciudadanos, entre los cuales, al mismo tiempo, están los que delinquen. Esto comienza por dejar de pensar que solo los nicaragüenses y los colombianos que conviven con nosotros matan a mansalva por las calles. Pasa, en suma, por dejar de atribuirle solo a otros el problema.
Acto seguido, obliga a plantearse sanciones más drásticas para los delincuentes. Porque la verdad es que, en el esquema actual, tienen un escenario muy favorable. Vale decir que, ciertamente, se puede delinquir incluso a vista y paciencia de todos, sin que ello implique necesariamente una sanción.
Este es un tema que abogados y jueces no suelen entender. Porque se les olvida que las leyes fueron hechas por hombres, y que como tales no son
perfectas ni están escritas sobre piedra. Se les olvida, entonces, que las leyes se pueden ajustar según las necesidades de la sociedad. Eso sin tomar en cuenta que, en todo caso, la mayoría de las leyes penales están hechas pensando más en la salvaguarda de los derechos del delincuente que en aquellos de sus
víctimas.
Pareciera que no hay ni voluntad ni capacidad ni valor para revertir semejante aberración.
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