Editorial
La percepción internacional
No cabe duda de que muchas cosas terminan siendo una cuestión de perspectiva. El más reciente ejemplo lo tenemos cuando en un estudio sobre calidad de los gobiernos, impulsado por el Banco Mundial (BM), se ubica a Costa Rica en el segundo lugar en América Latina, solo detrás de Chile.
Lo primero que se debe decir a este respecto es que estos estudios suelen hacerse con información ofrecida por los mismos gobiernos, lo cual de alguna manera puede influenciar los resultados, aunque ciertamente algunos países no alcanzan por esa vía a mejorar su posicionamiento debido a los extremos en los que se encuentran.
Lo otro es que, aunque en algunos casos incorporan puntos de vista de la gente, recabados a través de pequeñas encuestas, es un hecho que muchas
personas contestan cualquier cosa con el ánimo de desentenderse pronto del asunto, a pesar de que si no tienen interés en colaborar, lo podrían simplemente indicar así.
A partir de allí, ya los estudios comienzan a perder algo de su sentido. Si a eso sumamos que muchas veces los valores que se introducen para la medición no son los más adecuados, entonces tenemos resultados como el que nos muestra el ranking generado por el estudio del BM.
Allí, por ejemplo, se nos dice que en estabilidad democrática somos el país con mejor puntuación, e incluso el nivel que alcanzamos nos pone por encima de naciones desarrolladas. Pero no se dice que nuestro país se encuentra prácticamente en neutro desde hace mucho tiempo. El estudio no advierte que hemos creado mecanismos de control que han terminado por paralizar al Gobierno, aunque no hayan podido frenar la corrupción. Tampoco aclara que nuestra Asamblea Legislativa es totalmente ineficiente y que no tiene capacidad para legislar en los campos en que el país requiere, porque los diputados no saben alcanzar acuerdos políticos que hagan viable aquello.
Un estudio de esta naturaleza no suele indicar, tampoco, que las instituciones públicas cada día responden menos a las necesidades de la gente, o que el país no ha podido darle forma a ninguno de los grandes proyectos de infraestructura que se han diseñado en los últimos 30 años. Y no suele mostrar que, por ejemplo, hemos sido muy singulares al grado de hacer casi todo a medias, de manera que, al final, no alcanzamos ninguno de los objetivos planteados en cada caso.
Es obvio que los responsables de estos estudios no viven en Costa Rica y no enfrentan las dificultades que rutinariamente debemos encarar quienes sí lo hacemos, y que hemos visto cómo en algunas áreas no solo no hemos progresado, sino que como país hemos perdido algunos de los más notables logros que alcanzamos en el pasado y que nos llevaron a ser lo que somos.
A pesar de estas situaciones; sin embargo, lo que sí se logra con estos estudios es demostrar las enormes diferencias que pueden haber entre cada uno de los países de la región en materia de gobernabilidad. A pesar de los problemas que podamos tener nosotros, es obvio que otros la pasan peor, por ejemplo Nicaragua, donde su gobierno alcanza una de las peores calificaciones, no solo para la región, sino también a nivel general.
|