Editorial
Una señal peligrosa
El Gobierno tomó la decisión de establecer relaciones diplomáticas con la República Popular de China, después de negar reiteradamente esa intención, incluso ante preguntas directas de los periodistas.
Y el proceso se completó el pasado viernes primero de junio cuando el canciller, Bruno Stagno, firmó los documentos correspondientes, en aquella nación asiática, en el más absoluto secreto.
No cabe duda de que el Gobierno está para eso: para tomar las decisiones en los ámbitos político y económico. Y no puede dejar de hacerlo. Pero tampoco es correcto que haga cosas a la espalda del pueblo.
El presidente de la República, Óscar Arias; los vicepresidentes, Laura Chinchilla y Kevin Casas; el ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias; el canciller Stagno y el ministro de Hacienda,
Guillermo Zúñiga, se presentaron ayer ante la prensa, en Casa Presidencial, para hacer el anuncio, pasadas las 5 de la tarde.
Pero, poco después de las 11 de la mañana, la periodista Karina Alpízar le había preguntado directamente al presidente Arias sobre la posibilidad de que se rompieran relaciones con la República de China en Taiwán para entablarlas con China Popular. El mandatario respondió que todo lo dicho en esta materia obedecía a especulaciones, porque este era un hecho que no sería factible.
Como se ve, Arias sabía cuál había sido su decisión, y no lo dijo hasta que lo consideró oportuno. Y tal vez eso sea bueno políticamente hablando, pero no tiene justificación, porque faltó a la verdad al responder a la pregunta de la periodista de LA PRENSA LIBRE.
Esa actitud del presidente Arias y de los funcionarios de su Gobierno no es nueva, toda vez que apenas hace unos días el Canciller negó cualquier rompimiento, después de que el país votó en contra de la posibilidad de que se discutiera la admisión de Taiwán en la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El vicecanciller, Edgar Ugalde, hizo lo mismo antes y después de asistir apenas hace unos días a una reunión con el canciller de Taiwán, en Belice.
Y, ya desde el año pasado, cuando se inició todo este asunto, los mismos funcionarios lo negaron una y otra vez. Esto es lo que no está bien. Y se torna más grave todo cuando las propias autoridades de esta administración han salido a pedirle dinero, una y otra vez, a Taiwán, para diferentes proyectos en el país.
No estamos defendiendo con esto la idea de que el país debe tener una actitud complaciente y de entrega a Taiwán. Pero sí estamos señalando que en esto debieron mediar respeto y consideración. No es que no se puede cambiar de amigos. Pero si se cambia, entonces hay que ser amigo hasta el final, y no fue ese el caso.
El Gobierno obviamente hace cosas bajo reserva. Eso lo comprendemos. Pero cuando se está haciendo algo bajo esa premisa y algo pasa en el camino, de manera que ya la reserva deja de ser real, no se puede tratar de tapar el sol con un dedo engañando a la gente. En ese caso se tiene que ser transparente. Las excusas y las explicaciones nunca alcanzan para justificar la forma en que se manejó este asunto.
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