Fundada en los tiempos cuando no se atrevían tres choferes de buses a asesinar vilmente a un saprissista y los dejaban libres por el pago de ¢500 mil.



De dichos y otros pienses
por Ricardo Dávila B.
qdDg.
SER BORRACHO
La borracha, así se llamaba, es la bota
del vino, de ahí que estar prendido de
ella largo tiempo causa embriaguez, por
lo que el individuo se perturba, se atonta, pierde el uso libre de la razón y al
perder agudeza de sus sentidos ya estará
presentando un cuadro típico y bochornoso
del borracho. Valga la ocasión para honrar
el nombre del diputado Gerardo Araya
Paniagua, promotor de la última Ley de Licores aprobada, que protege a nuestra juventud al reglamentar y castigar
fuertemente a quienes les vendan o
permitan menores de edad en sus negocios. Con diputados así... ¡Yo me apunto!
DARLE UN VEJIGAZO
Me gusta explicar este tipo de dichos
porque me da la ocasión de remontar el
vuelo de nuestra historia. Pues bien, allá
en tiempos de Maricastaña, la pobreza de
nuestros pobladores era tanta, que para
jugar fútbol, se las agenciaban con una
bola sustituta: Conseguían en el “rastro”
(lugar donde sacrificaban las reses) una
vejiga debidamente curada, la inflaban y
la echaban a la plaza... ¡Y a jugar se ha dicho! Entonces mis queridos lectores comprenderán que un “vejigazo”
de aquella bola correspondería al
bolazo de hoy. ¡Estamos claros!
¿No le digo Rodrigo?
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