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San José, Costa Rica, Jueves 24 de mayo de 2007, 21:08:20.

Editorial

Desperdicio de dinero

Las decisiones de inversión deben ser valoradas con un amplio sentido de responsabilidad. De lo contrario, se constituirán simplemente en gastos y, peor aún, en gastos innecesarios, lo que termina en lo mismo que el desperdicio.

Es lo que ocurre con muchos de los trabajos de mantenimiento vial en nuestro país, porque se cometen demasiados errores en el proceso, quizá por incapacidad, quizá por desinterés, y ojalá no por deshonestidad, aunque al fin y al cabo las tres cosas golpean del mismo modo las finanzas públicas y al país en general.

Parece un problema de nunca acabar. Pero es que quienes tienen la autoridad para hacer que las cosas cambien, no tienen la disposición para hacer valer esa autoridad. Y allí se abren todos los portillos para que las cosas salgan mal.

Todos aplaudimos los trabajos de mantenimiento vial que se han venido desarrollado desde hace algunos meses, después de que por fin la Contraloría General de la República diera el aval a los contratos que se suscribieron con diversas empresas desde la administración anterior. Hemos visto cómo se desarrollan acciones para limpiar las orillas de las principales carreteras; para reconstruir cordones y caños; para demarcar y señalizar las vías, amén de tapar los huecos en las calles.

Pero si estos trabajos no se hacen de manera correcta, simplemente se habrá incurrido en un desperdicio de recursos que no le sobran al país, y que bien aprovechados podrían haber solucionado de verdad muchos problemas.

Al Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) le corresponde contratar y darle seguimiento a los trabajos. A las empresas que licitan les corresponde ejecutar las obras. Al Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme) de la Universidad de Costa Rica le compete la supervisión de la calidad de las obras. Son tres partes las involucradas. Pero tal parece que no se hablan entre sí, o que lo que uno dice, los otros no lo alcanzan a entender. Y parece, también, que algunas de las cosas no se dicen de manera oportuna, sino cuando ya no viene al caso. Y la suma de todos estos elementos termina en ese desperdicio del que hablamos, porque al final, nada sirve o al menos, no se alcanzan los objetivos planteados al justificar la inversión.

El caso más reciente de esta incomunicación es el de los trabajos recién hechos en la carretera Braulio Carrillo, que comunica a San José con Guápiles. Según el Lanamme, los guardavías no reúnen prácticamente ninguna de las condiciones que deberían tener para contribuir a la protección de los conductores, con lo que, más bien, se constituyen en un factor adicional de peligro.

Las dudas, entonces, saltan a la mesa: ¿Será que los trabajadores de la empresa a cargo de las obras son principiantes en esta materia? ¿Será que esa empresa no tiene ingenieros responsables de las obras, que le puedan hacer valer los parámetros correctos? ¿Será que en el MOPT, donde se ha dicho por parte de la misma ministra Karla González que hay gente que se quedó sin nada que hacer porque no hay con qué trabajar, la gente no alcanza ni para hacer supervisión de obras? ¿Será que en Lanamme no se dieron cuenta de que se hacían los trabajos hasta que estos terminaron?


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