516,71
520,78



San José, Costa Rica, Jueves 24 de mayo de 2007, 14:27:03.

Fundada en los tiempos cuando ninguna diputada se atrevía y sin titubeos, a decir que “los diputados hacen el ridículo”, incluida ella misma.

De dichos y otros pienses

por Ricardo Dávila B.

qdDg.

Amarrar el perro

En la Costa Rica que me vió crecer,
recibió con gran alegría a ciertos
extranjeros a quienes el vulgo bautizó
con el mote de polacos.

En nuestros pueblos todavía no sabían
lo que era comprar a pagos y mucho menos estrenar en fiestas de guardar.


Pues bien, llegaron los polaquitos
como caídos del Cielo. Aquellos pueblos
los acogieron como en realidad eran:
Benefactores con ganancias leoninas
pero con la razón de un trabajo grosero
por lo agreste de la campiña y la carga
en maletas que pesaban más que un
mal matrimonio.


Pero, así como no se conocían los
créditos ni las facilidades de vestirse
de a fiado, pues todavía estos
campesinos no sabían de administrar
el dinero, de ahí que fácilmente caían en
la morosidad y... ¡Santo Dios tanto
debemos! ¿Y ahora cómo vamos a pagar?

La solución la dio Jacinto:
“Amarren en la argolla de la puerta
al Boby que es el más bravo y asunto
arreglado”.


Y de veras, cuando el día que llegó a
cobrar, el polaquito se encontró con el
perro bravo que no lo dejó ni tocar la
puerta. Y de esta forma el polaquito se
quejaba con su paisano: -Mira Jaime, esa
gente me debe y no me paga, por eso
amarraron el perro bravo en la puerta.-

Naturalmente que el pueblo aprende
muy rápido estos menesteres, y cundió
por el pueblo el truco del perro.

Dicen que así nació el dicho “amarrarle el perro”, o sea volverse mala paga por
medio de un perro.


Parte de la Sociedad Periodística Extra Limitada.
DIARIO EXTRALA PRENSA LIBRECANAL 42RADIO AMERICA