Fundada en los tiempos cuando una moderadora de debates radiales con cuatro participantes, no permitía que uno de ellos interrumpiendo a los demás, gastara todo el tiempo del programa.



De dichos y otros pienses
por Ricardo Dávila B.
qdDg.
Jugar yegua
Esta locución, como tantas otras,
nos viene de la zona rural, como la
inmensa mayoría que hemos analizado aquí. Ha de saber el lector, que nuestros ancestros campesinos de los años cuarenta para atrás, jugaban al fútbol descalzos.
Tenemos que ilustrar, para mejor
comprensión de quienes me leen, cómo
aquellos pies descalzos eran de tal
magnitud y rudeza que cuando alguno
intentó usar calzado, no hubo horma capaz de albergar semejantes como peñascos de roca llamados “pieses”.
Aquellos hombres para lavárselos, usaban
un pedazo de teja o “tiesto” encontrado en cualquier solar. Dicho pedazo de barro
cocido, lo restregaban en sus pies de tal manera, que tal parecían que los pulían,
al blanquear aquellos como cuero curtido por el sol.
Las uñas, llamadas por ellos “peinetas”,
eran tan recias y crecidas, que al “solfear” un tiro y pegárselo al otro jugador, hacían
una herida como de navaja.
En las mejengas, conocedores todos
del peligro que representaban aquellas,
“como uñas de yegua”, llamado también
casco, proponían al comenzar la diversión,
no “jugar yegua”.
No olvidar que los equinos pertenecen
al orden de los ungulados. ¡Gracias!
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