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San José, Costa Rica, Martes 6 de noviembre de 2007, 17:26:03.

Editorial

Círculo de polarización

Pareciera que Venezuela no puede salir de la triste realidad que supone una sociedad polarizada por la falta de visión de sus políticos. De hecho, cada día saltan nuevos temas sobre la palestra como para asegurar la continuidad de las disputas.

Ahora, toca el turno a un paquete de reformas constitucionales que implican volver a tocar una Carta Fundamental muy reciente, cual si esta fuera una ley cualquiera. Como ha ocurrido en los otros casos que reporta la historia reciente, el presidente, Hugo Chávez, busca hacerse de mayor poder y tener un control más amplio sobre el país.

Esa es, a fin de cuentas, su única aspiración real, mientras se siente como una especie de sucesor del líder comunista cubano, Fidel Castro.

No le ha bastado el haber, prácticamente, eliminado a la oposición política, sino que pretende terminar de fulminarla, con un proyecto que no deja de mostrar una situación muy complicada para millones de venezolanos. Chávez llegó al poder tras ganar las elecciones de 1998 y desde entonces, una de sus mayores prioridades ha sido permanecer en la presidencia, al precio que sea. Hasta ahora, ha utilizado inteligentemente los instrumentos de la misma vida democrática republicana, pero para favorecer sus propios objetivos. Así, ha logrado modificar la Constitución cuando ha sido conforme con sus intereses y se ha reelegido en procesos de elección popular.

Mientras tanto, la oposición ha cometido importantes errores que no le han permitido mostrar una posición sólida frente a Chávez. Primero fue el famoso golpe de Estado de 2003, que terminó en un mayúsculo ridículo cuando debieron volver atrás y reinstalar al mandatario en su cargo.

Luego vinieron las cuasi fusiones con los grupos sindicales, resultado de lo cual uno de los principales líderes sindicales terminó apareciendo como la figura más destacada de la oposición.

Finalmente llegó la peor de las decisiones: el retiro de toda participación política, con lo cual Chávez ya no tuvo oposición y esta tampoco tuvo un foro idóneo para hacerse escuchar.

En ese escenario, todo se simplificó para el oficialismo, que además de tener el control de los órganos estatales, tiene todo el espacio político para seguir operando en procura de consolidar sus objetivos. Ahora, por ejemplo, cuando se plantean las nuevas reformas constitucionales que le permitirían a Chávez mantenerse casi indefinidamente en el poder, no hay legisladores de ninguna de las facciones que no simpatizan con Chávez, que puedan dar la lucha en procura de que la Constitución no sea un traje a la medida para el mandatario.

Solo les queda la calle, como única opción para hacerse sentir. Aunque este es un recurso que puede utilizarse dentro de cierto contexto, es al mismo tiempo lo menos indicado para algunas luchas políticas que exigen un manejo inteligente y controlado de las situaciones. Cuando las masas llegan a las calles, puede ocurrir cualquier cosa y esto suele rebasar ya en ese país las aspiraciones y los objetivos de los que convocan a esas movilizaciones.

Es una lástima lo que ocurre en Venezuela.


Parte de la Sociedad Periodística Extra Limitada.
DIARIO EXTRALA PRENSA LIBRECANAL 42RADIO AMERICA