Editorial
Semana decisiva
El país entra hoy en la recta final de la cuenta regresiva que llevará a la definición sobre el futuro del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC), en el referéndum convocado para el próximo domingo 7 de octubre.
Será la primera vez que se utilice este recurso en nuestro país y los recuerdos más cercanos sobre una práctica similar se limitan a unos cuántos cabildos abiertos desarrollados a nivel distrital, para definir la pertenencia o no a un cantón o provincia.
En este caso, no se trata de un tema sencillo, pues el texto del Tratado es muy extenso y complejo, e incluso si no se tiene cuidado se puede percibir como confuso.
Desgraciadamente, la campaña que han desarrollado, tanto los dirigentes que impulsan el Sí como aquellos que creen en el No, no se ha ajustado a la discusión del contenido del acuerdo. Sobre todo en las últimas semanas los ataques han arreciado entre las partes, con acusaciones de diversa naturaleza.
En ese contexto, la campaña ha girado alrededor del miedo, ya sea explícita o implícitamente. El hecho de que trascendiera el famoso memorando suscrito por el ex vicepresidente de la República Kevin Casas y por el diputado Fernando Sánchez hizo que se confirmara la estrategia del miedo que se había impulsado por parte de los defensores del TLC. Aunque los dirigentes del No han criticado esa situación, lo cierto del caso es que también han utilizado el mismo recurso. De hecho, en los últimos días han desarrollado una campaña tendiente a resaltar, desde su perspectiva, la forma en que el Tratado llevaría a la pérdida de empleos y de condiciones de trabajo, comparando la situación con lo que ocurre en otros países de la región y atribuyendo al TLC esas desventajas.
La discusión sobre el contenido ha quedado de lado. En el juego de estrategias, a ratos da la impresión de que los errores de la campaña a favor del TLC pueden ser significativos en el referéndum, mientras se percibe un cauteloso aire de triunfalismo entre los del No, quizá impulsados por los giros que la campaña ha tenido en las últimas semanas.
Al final, también será importante conocer si votarán suficientes personas para que la consulta sea válida, aunque este detalle quedará para después de las ocho de la noche del próximo domingo 7 de octubre.
Después de que se cierren las urnas, es indispensable que todos los costarricenses, de uno y otro bando, terminen por reconocer el resultado de la consulta y entiendan un hecho real que no cambiará con ese referéndum: el país seguirá aquí el 8 de octubre y los retos seguirán siendo los mismos de hoy.
Quienes no logren entender esta realidad y crean que unos ganaron y otros perdieron, estarán haciéndole un flaco favor al país y a la institucionalidad costarricense.
Queda una semana para las diferencias y para las definiciones, pero dentro de ocho días Costa Rica deberá seguir siendo una sola.
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