Editorial
Tiempo de reconciliación
El referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos ya pasó. Al final, se ratificó el acuerdo, por la libre voluntad de una mayor cantidad entre los electores que acudieron a las urnas atendiendo el llamado del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).
Como lo establece la legislación nacional, tendrán que venir ahora las corroboraciones, a partir de un recuento manual de los votos, para validar los datos preliminares entregados por las juntas receptoras el pasado domingo por la noche.
Pero, se ha superado ya la etapa de la decisión, que -seguimos creyendo- se tardó demasiado y llevó la discusión a límites inconvenientes para la vida institucional del país.
Precisamente por ello, ahora es indispensable retomar, con mente fría, la situación y encarar la nueva realidad que se viene para el país. Pero, si por la víspera se saca el día, la tarea va a ser complicada, toda vez que algunos de los principales líderes del movimiento de oposición al TLC, no aceptan la derrota.
Es algo similar a lo que pasó en las elecciones presidenciales de 2006, cuando el país pasó en vilo muchas semanas porque los dirigentes del Partido Acción Ciudadana se negaban a admitir la derrota. Hoy, ellos mismos, pero aliados con otros de los grupos sindicales y de diversas facciones políticas, comienzan a lanzar una serie de acusaciones veladas y no tan veladas contra el TSE, porque no les gusta el resultado del referéndum.
Ya lo habíamos notado, por ejemplo, en las palabras de la jefa de fracción del PAC en la Asamblea Legislativa, Elizabeth Fonseca, quien advertía el jueves de la semana pasada que después del referéndum era necesario buscar acercamientos, pero dejando esa sensación de que a su grupo los debían ir al llamar para ello.
Ese tipo de actitudes no llevan a nada. Si se quiere construir, es necesario entender que el país está primero y los egos personales deben quedar de lado.
El domingo pasado los costarricenses fueron a las urnas para decidir y no es admisible que se siga dando largas al asunto. Además, es fácil lanzar lodo sobre instituciones como el TSE porque se tenga algún interés de generar dudas sobre algo, pero lo complicado es, después, limpiar el barrial que se deja.
En ese contexto también merece apoyo el presidente de la República, Óscar Arias, quien consciente de la división que aún vive el país, ha planteado un discurso en tono conciliador. Falta, sí, que sepa sostenerlo. Especialmente ahora que la Asamblea Legislativa debe retomar la discusión de los proyectos de ley que comprenden la agenda complementaria al TLC.
Por cierto, aquí se conocerá cuál es el verdadero interés de quienes han mantenido un discurso de oposición al Tratado. Veremos si son capaces de construir en el marco de la agenda de implementación, aportando a la calidad de los proyectos, o si tratarán de burlar la voluntad del pueblo a través de un darle largas a la discusión, para superar el mes de marzo del próximo año sin llegar a las definiciones dentro de los plazos establecidos para que el país pueda ingresar efectivamente al TLC.
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