Fundada en los tiempos cuando nuestra sabrosa y folclórica “chicha” era una bebida para difrutarla con amigos en los rosarios, y no se degollaba a un vecino mientras se tomaba.



De dichos y otros pienses
por Ricardo Dávila B.
qdDg.
El mecate
¡Oh tiempos aquellos!
Dan ganas de reír de sus inocentadas
y peculiaridades, pero como historia
que es al fin, bueno es conocerla.
Nos suena a chiste de mal gusto
saber que en aquellas lejanas épocas
de nuestra historia independentista,
siendo tan iguales, se dieran tan
marcadas diferencias sociales.
Claro es que aquellas élites,
locales y sus familias, tenían como
orgullo el ser descendientes de Juan Vázquez de Coronado y que por
orgullo de hidalgos, les inspirara la
soberbia de casta.
Fue así como, ya bien entrado
el siglo diecinueve en la ciudad de
Liberia, en los famosos “SARAOS”,
el anfitrión curiosamente aceptaba sin
discriminación a todo el mundo,
pero ya en el interior, comenzaba
a seleccionar por medio de
“EL MECATE”, dejando perfectamente divididas a la élite de la chusma.
De esta costumbre colonial, surgió
también la idea de por medio de un mecate, cobrar por cada pieza bailada, esto ya en la época moderna en los salones de Puntarenas, allá por los años cincuenta, y bueno es recordar el
Salón Victory’ Club donde se cobraba una “peseta” por cada pieza bailada.
¡Qué bien!
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