Editorial
La imagen de San José
La Municipalidad de San José, particularmente la Alcaldía, está desarrollando una serie de trabajos con el objetivo de darle otra cara a San José. Las puntas de lanza de ese proyecto han sido los desarrollos de condominios en la zona oeste -específicamente en los alrededores del Parque Metropolitano La Sabana- y los bulevares en el caso central de la ciudad.
Los objetivos fijados por la municipalidad son todos elogiables. Las ciudades deben ser, a fin de cuentas, lugares donde la gente pueda vivir. Porque lo contrario no tiene ningún sentido.
Y, en ese contexto es que se percibe que lo que ha venido haciendo la municipalidad no responde a un plan integral. El concepto está allí. Pero, el cómo llevarlo a la práctica no está claro.
Así, hemos visto cómo para construir los bulevares se han movido las paradas de buses de un lugar a otro, prácticamente por salir del paso, generando nuevos embotellamientos y otras complicaciones, para luego hacer segundos cambios, en vista de que el propio desarrollo de los trabajos así lo va exigiendo.
La planificación es esencial cuando se trata de proyectos de esta naturaleza, porque si se eliminan calles para hacer bulevares, y al mismo tiempo se trasladan las paradas terminales de los buses que llegan a la capital de manera desordena, entonces se genera más daño que beneficio.
Por otro lado, con los bulevares se parte de la premisa de que son para atraer gente al centro de la ciudad. Pero, al mismo tiempo, se desarrolla la tesis de que quienes tienen vehículos particulares solo llegan a San José a estorbar, por lo que mejor viajan en autobús. Y, en contraste con esa idea, se permite o se tolera que muchos conductores parqueen donde mejor les parezca, sin importar criterios técnicos, regulaciones establecidas en papel, o cualquier otra cosa.
Así, el centro de la ciudad se parece más a un gran parque con áreas de parqueo para vehículos, sin que se haya resuelto los temas de paso fluido por ese sector.
De hecho, en los planes originales desarrollados por la municipalidad, todos estos elementos estaban contemplados. Pero, como suele pasar en este país, al final solo una cuantas partes llegan a ser realidad y, entonces, son soluciones que no sirven.
Es un tema al que la municipalidad debería entrarle, a la par de la cuestión de la seguridad y del control de tantas ventas de cuánta cosa se pueda uno imaginar. Basta pasar por el bulevar de la avenida central -o el tramo que hay construido de él- para ver ese triste espectáculo que representa la presencia de todo tipo de baratijas extendidas en el centro de la zona peatonal, dejando apenas pequeños espacios para el paso de la gente.
A esto se suma la extraordinaria proliferación de gente viviendo en las calles, lo cual termina por crear un ambiente nefasto para la ciudad, y ahuyenta a la gente que en algún momento pudiese haber considerado la posibilidad de hacer su vida en ella.
Allí quedan las tareas para quienes deban hacerse cargo de ellas.
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