Editorial
Emergencia por el dengue
El Gobierno anunció esta semana la declaratoria de emergencia ante la fuerza con la que el dengue azota la provincia de Limón.
La decisión se vino tardada. Porque desde hace varias semanas se ha notado un incremento
desmedido en el número de casos de dengue. Pero, además, porque la situación sanitaria no es la adecuada, con una municipalidad que no es capaz siquiera de recoger la basura.
Escuchar a la ministra de Salud, María Luisa Ávila, recitando las cifras de todos los males que encierra el problema del dengue en Limón por estos días solo viene a reafirmar, por un lado, que esas cifras son suficientemente claras y, por otro, que ya las conocían ella y su equipo de trabajo.
Entonces, surge una pregunta: ¿Por qué no se actuó a tiempo? La interrogante cabe a pesar de que no es al Ministerio de Salud a la entidad a la que corresponde recoger la basura. Porque, es claro que si el gobierno local no puede, le queda al Gobierno Central la posibilidad de decretar una intervención en este campo, al tratarse de un
asunto de índole sanitario que puede tener un costo altísimo para el país, tanto en la suma de vidas humanas como en lo que toca al presupuesto requerido para atender los problemas.
Por eso hay que insistir en que se actuó tarde. No es aceptable, desde ninguna perspectiva, que se haya llegado a extremos en que las estadísticas incluso llegan a duplicarse.
Dicho esto, hay que agregar otro asunto igualmente grave: la indiferencia y la irresponsabilidad con que ha actuado la población limonenses frente al dengue.
Las campañas publicitarias han sido amplias y casi permanentes. Pero no pueden tener ningún sentido si la gente no se aplica en la ejecución de medidas preventivas, especialmente en una zona en que, como Limón, la lluvia es casi una eterna compañera.
Si sumamos esto al hecho de que no haya en la zona un relleno sanitario y que la Municipalidad no tenga camiones recolectores, entonces tenemos la receta ideal para un desastre de las magnitudes del que se presenta en la actualidad.
Ahora, ya con el problema encima, es urgente que las medidas sean producto de un mesurado y objetivo análisis, así como de una extrema coordinación entre todos los agentes involucrados.
Si no se alcanza esta dimensión, entonces se corre el riesgo de que todo sea en vano. Especialmente ahora, cuando ya hasta los niños que no han nacido son propensos a contraer los tipos más peligrosos del dengue, debido a que sus padres hayan padecido la enfermedad.
Al mismo tiempo, las autoridades deben entender que Limón no está aislado del resto del país. Esta realidad puede, en determinado momento, poner en riesgo a gente en otras zonas, amén de que Puntarenas y Alajuela ya de por sí presentan cifras preocupantes en torno a la enfermedad.
Ojalá que las autoridades sepan corregir la institucionalizada serie de deficiencias mostradas hasta ahora en el proceso y que se logre revertir la situación en un tiempo razonable.
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