Editorial
Una primera pifia
Cuando el Gobierno tomó la decisión de romper relaciones diplomáticas con la República de China en Taiwán para entablarlas con la República Popular de China, uno de los objetivos inmediatos era conseguir apoyo del gigante asiático para ingresar a la Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés).
Esa primera meta no se logró, al parecer, porque para esa organización el tema de India tenía particularidades muy significativas. Por supuesto que India puede resultar más importante que Costa Rica, porque, en primer lugar, es de Asia. Pero, además, porque es el segundo país más poblado del mundo.
Estos elementos no los midió la diplomacia costarricense. Quizá de allí el fracaso en la gestión iniciada que, en todo caso, da la impresión de haber arrancado tarde.
Después de la Asamblea de la APEC da la impresión de que no se avanzó al ritmo adecuado y que tampoco se analizó la oportunidad política para ir por ese ingreso.
Por otro lado, el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Stagno, realiza una gira por 18 países de África buscando acercamientos con sus gobiernos pese a que Costa Rica no mantiene relaciones diplomáticas con ellos.
Lo curioso es que el señor Stagno ha guardado como secreto de Estado su misión en África, temeroso no se entiende de qué, cuando allá muchos medios de comunicación le han dado seguimiento y nos permiten saber que busca apoyo para la candidatura del país al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Este es el otro gran objetivo del presidente de la República, Óscar Arias, en materia de política exterior. Lucha frente a República Dominicana y ha invertido un fuerte presupuesto en tratar de asegurar los votos necesarios para esa causa.
Pero se busca ingresar a un órgano en el que haya una enorme desigualdad, porque hay miembros permanentes que hasta gozan de derecho a veto, mientras los otros que llegan cada año se limitan a completar un quórum sin mayor sentido.
Es parte de las viejas farsas que aún persisten en la diplomacia internacional, pero que confunden a los políticos ansiosos de figurar, como parece que ocurre en la actual administración.
Quizá por el tiempo que resta para la elección se logre alcanzar la silla. Pero, ¿valdrá la pena? Esa es la interrogante que salta sobre el tapete y que la historia parece responder de manera negativa.
Si después de un año en el Consejo no se han concretado cambios trascendentales que, obviamente, no quieren los miembros permanentes, estaremos frente a un nuevo fracaso de la Cancillería.
Nos parece conveniente que el Gobierno desacelere el paso, a fin de revisar algunas de sus metas en materia de política exterior. Aquí es importante plantearse metas enteramente alcanzables, que deriven en un beneficio directo para nuestro país y nuestra región. Puede parecer hasta egoísta, pero más es realista, porque un país como Costa Rica no puede lanzar sus pocos recursos al aire sin sentido.
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