Editorial
Nuestra independencia
Hace 186 años Costa Rica, al igual que los otros países centroamericanos, logró su independencia respecto de la Corona Española. Y, en los años siguientes, no prosperaron las iniciativas para establecer una Federación Centroamérica, o para unirse al imperio mexicano, propuestas que ya venían sobre el tapete antes de setiembre de 1821.
De ese momento a la fecha, Costa Rica, sin embargo, se fue diferenciando del resto de la región por las decisiones que oportunamente se adoptaron en materia de educación, en primera instancia, y más tarde, en las áreas de salud y de trabajo.
Ese cuadro, sumado a la sabia posición de abrir hacia la participación de todos los costarricenses las decisiones políticas, comenzando por la propia designación de las principales autoridades de Gobierno, consolidaron el concepto de país que nos ha caracterizado.
Pero, en realidad, lo que ocurrió en aquel momento de 1821 no dista mucho de lo que hoy día se vive en nuestro país. La indiferencia, por un lado, y los temores, por el otro, han marcado la acción de la mayoría de los costarricenses a través de su historia, y del colectivo nacional como tal.
Recordemos que, en realidad, la decisión de independencia se tomó en Guatemala y la comunicación llegó a Costa Rica más de un mes después. La mayor particularidad de aquel momento fue la sorpresa con que se recibió el correo y la incredulidad que inundó a los costarricenses de aquella época respecto de lo que sería el futuro del naciente país.
Hoy día, esa incredulidad persiste, pero ahora enfocada hacia la clase política que lleva los hilos del país. Y dentro de un marco de desconfianza, fomentado y vuelto a fomentar casi a cada instante por esa clase de políticos que hoy dice una cosa y mañana hace otra, da la impresión de que la independencia se ha quedado en lo menos y que el país no ha podido evolucionar en la dirección correcta.
Y es que si bien es cierto que Costa Rica registra índices de desarrollo mucho mejores que otros países, está claro que al menos una quinta parte de la población sigue presa de la pobreza, y dentro de ella, una cuarta parte está en pobreza extrema, independientemente de la forma en que se mida.
Pero no solo eso: hoy día el país se encuentra casi paralizado por una compleja telaraña de leyes y procedimientos que no han servido para evitar los abusos de quienes han querido robarse lo que no les pertenece, pero sí ha servido para impedir que las cosas que deben caminar caminen.
Así, cada vez son más las tareas pendientes y las obras en veremos. Así, cada vez se habla más y se hace menos. Así, cada vez se construye menos y se retrocede más, precisamente en la consolidación de ese país que vio su nacimiento hoy hace 186 años.
Nosotros, por tanto, tenemos de frente el reto de replantear lo que se quiere para este país, entendiendo que todos debemos tomar parte en ese proceso y que en él no se admiten exclusiones.
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