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San José, Costa Rica, Lunes 24 de setiembre de 2007, 17:17:46.

Editorial

Cavó su propia tumba

Kevin Casas apareció en el escenario político costarricense en la campaña anterior, después de comenzar a destacar como analista de temas de actualidad y con los mejores antecedentes académicos que persona alguna pudiese desear.

Sorpresivamente, el entonces candidato presidencial por el Partido Liberación Nacional (PLN), Óscar Arias, le invita a ser parte de su fórmula como aspirante a una Vicepresidencia. Desde el inicio se dijo que, a pesar de los antecedentes académicos de Casas, más pesó el hecho de que Arias necesitaba rostros jóvenes para tratar de ganarse los votos de los electores de menor edad.

Al margen de todo ello, Casas surge como una de las principales figuras del Gobierno una vez que Arias gana las elecciones y pasa a ocupar como recargo el Ministerio de Planificación y Política Económica (Mideplan), que en la actual administración volvió a tener un rol protagónico, a partir de la coordinación del Plan Nacional de Desarrollo y algunas otras labores de coordinación que se le encomendaron al novel funcionario.

Pero todo parece indicar que Casas no estaba listo para lo que se le venía encima y cedió ante la presión. Y lo hizo de la peor manera. El famoso memorando que, junto al diputado Fernando Sánchez, le remitió al presidente Arias y al ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias, lo vino a retratar por completo.

Casas se refirió allí de la peor manera a los costarricenses, a esos mismos a los que les había pedido el voto para las elecciones del 6 de febrero del año pasado; a los que le dieron el voto, y a los que no se lo dieron. Llegó a presumir de que los costarricenses éramos ignorantes y que se nos podría manipular de la manera más baja, irrespetuosa e irresponsable.

Cuando se le descubrió, quiso esconderse detrás del burdo argumento de que le habían robado la correspondencia al Presidente. Era la forma más sencilla, pero al mismo tiempo absurda, para tratar de salir del lío en que se había metido.

Por supuesto, era de esperarse que no encontrara palabras para borrar su actuación irresponsable. Peor aún, cuando quiso hablar, se complicó más, al argumentar que el famoso memorando había sido resultado de un momento de enojo. Sin palabras.

Ahora, por fin hizo lo que tenía que hacer: renunció. Ya era hora, porque en la posición en la que estaba podría haber tenido que encabezar el Gobierno en algún momento. Eso, indudablemente, ya no era correcto, pese a que Casas fuera parte de la fórmula ganadora en las elecciones. No era correcto porque, al margen de los votos que obtuvo, la verdad es que él mismo se restó toda legitimidad al descalificar a los costarricenses.

Si bien la renuncia se produce en medio de la campaña hacia el referéndum para definir el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y en lo que toca a la Vicepresidencia de la República esa decisión deberá ser conocida y avalada por la Asamblea Legislativa, esperamos que a nadie en el Gobierno se le ocurra volver a designarlo en algún puesto público.


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