Arbitrajes internacionales enfatizan discordia entre el Sí y el No al TLC
• Los del No asustaron con el memorando de Casas y Sánchez, y los del Sí con la gestión de Albino Vargas para quitar la ICC
• La frase de la noche fue: “No me contestaron la pregunta”, utilizada por los dos equipos de debatientes
Esteban A. Mata Fonseca
emata@prensalibre.co.cr
Foto: Juan Carlos Rubí
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El sexto debate organizado por la Flacso y el TSE se centró en los arbitrajes internacionales y los riesgos que representan las demandas para Costa Rica.
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Con un tono mesurado y elegante, los cuatro debatientes se bofetearon con guante blanco en la discusión sobre si el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC) afecta o no la soberanía nacional.
Los del No estuvieron representados por el ex secretario general del Partido Liberación Nacional (PLN) Luis Guillermo Solís y el abogado y consultor internacional Jaime Ordóñez, mientras que los del Sí se presentaron con el ministro de Educación Pública, Leonardo Garnier, y el abogado y consultor Allan Thompson.
El tema predominante fue el peligro de que Costa Rica se vea expuesta a demandas multimillonarias de cara a conflictos con empresas transnacionales.
En este sentido, Thompson comentó que son pocas las querellas que llegan a este punto.
Sin embargo, Ordóñez señaló y sacó cifras multimillonarias de juicios que se han llevado a los paneles de arbitraje internacional.
El especialista desmeritó que las empresas pudieran dañar los estados firmantes con sus demandas.
En el tema de la soberanía sí se pusieron de acuerdo los del Sí y los del No, al menos en la definición, que para ambos grupos es, palabras más palabras menos, el derecho de los ciudadanos de una nación de decidir por sí mismos cómo vivir.
Sumas y restas
Luego vinieron las sumas y restas de los metros que mide Costa Rica, en una explicación poco concreta de parte de Luis Guillermo Solís, donde expresó que el país no aprovecha todo su tamaño territorial para explotar sus recursos marítimos de cara al TLC.
Este argumento fue rebatido por Allan Thompson, quien expresó que el tema de la territorialidad está disipado por la Sala Constitucional, luego de la consulta realizada por la Defensoría de los Habitantes y por los diputados del Partido Acción Ciudadana (PAC), sobre la cual los magistrados señalaron que el acuerdo comercial no tiene roces constitucionales.
De inmediato vino la contrarrespuesta de Jaime Ordoñez, quien afirmó que si bien la Sala en esta oportunidad se había referido a que no había inconstitucionalidades, dicho criterio no es vinculante, ya que el Tratado aún no está en firme. Pero la soberanía puede verse afectada en su territorialidad, en el sistema educativo, en la forma de resolver los conflictos comerciales, tal como se demostró en el debate.
Por su parte, un ecuánime y sereno Leonardo Garnier dejó claro y sin refutaciones de ningún tipo dos cosas: por un lado que el Tratado no afecta la educación, al menos no de manera que pudiera ser rebatida por los representantes del No, y por otro lado que no maneja el articulado del TLC como concedió de forma pública.
Asustar con la chaqueta del muerto
Esta frase hecha, más que todo utilizada por los políticos, se aplica de forma casi rigurosa al único punto que produjo un cierto aire de enfrentamiento entre los del Sí y los del No.
Cada vez que alguno de los grupos se sentía agredido por el otro, salían al paso enseñando la “chaqueta” que en un caso era el memorando (“no me haga hablar del memorando”, repitió varias veces Solís), mientras que los del Sí enseñaban de refilón el caso de la petición de los sindicalistas encabezados por Albino Vargas, que en 2001 fueron a Washington a pedir que fueran retirados los beneficios de la ICC para Costa Rica.
Otro de los puntos que quedó aclarado en el debate del TLC es que la ICC no expira. Una de sus partes, la CBI plus, como se le conoce en inglés, sí finaliza el próximo año, pero el resto se mantiene de forma idéntica.
El sexto debate organizado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) aterrizó lentamente, como un aerostático de las lejanías de la palabrería leguleya de los abogados a la cotidianeidad del lenguaje común.
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