Editorial
Una caída anunciada
La destitución de Fernando Berrocal del cargo de Ministro de Seguridad Pública se veía venir desde hace ya varios días. El ya ex funcionario entró en fuertes contradicciones con el ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias, que si bien desde un punto de vista teórico estaba a su mismo nivel en tanto miembros de un Poder de la República, tiene la particularidad de ser el hermano del Presidente de la República.
Berrocal trató de disimular la situación aduciendo que no había tales contradicciones, pero es obvio que esto no era lo correcto. Habló de una supuesta relación de figuras políticas de nuestro país con dirigentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), sin dar nombres ni hacer señalamientos concretos.
Y por ahí comenzó su declive, porque desde todos los frentes comenzaron a surgir exigencias para que se dieran a conocer los detalles que el Gobierno podría estar manejando en relación con el tema, pero no había explicaciones que ofrecer. Al menos, no según lo que se conoce hasta el momento.
No ha sido el mejor manejo para un tema de esta envergadura. Berrocal debió ser más cauteloso y más firme. Estos elementos no se contraponen para nada. Debió entender que su habían políticos vinculados a las FARC en nuestro país, se debía investigar el asunto y llegar hasta las últimas consecuencias. Debió entender, también, que al margen del tema ideológico, no cualquier relación con dirigentes de las FARC podría suponer un delito.
Y después de todo eso, era importante aclarar cualquier confusión que se hubiese generado alrededor del tema. Pero no lo hizo, y más bien sus declaraciones posteriores sirvieron para consolidar las dudas.
Lo otro es que Berrocal perdió de vista que, por alguna extraña razón, en nuestro país los dirigentes de los partidos políticos de oposición suelen mantener en la mira a los ministros de Seguridad Pública, porque en un eventual pulso con el Gobierno, se estima que el forzar un cambio en ese puesto supondría un triunfo importante.
En ese contexto, cualquiera que ocupe el cargo de Ministro de Seguridad Pública debe manejarse con cuidado. Un cuidado que no supone dejar de cumplir con sus obligaciones, pero que tampoco deje espacio para crear expectativas que luego no puedan ser satisfechas.
En todo caso, la salida de Berrocal deja muchos signos de interrogación en el ambiente. Y más aún cuando el ministro Arias sale ante la prensa a decir que el ex funcionario hizo manifestaciones que no estaban acordes con la posición del Gobierno.
Por cierto, en todo esto ha faltado la voz cantante del presidente de la República, Óscar Arias. Porque, en este caso ha quedado claro una vez más que el mandatario parece entender la figura del Ministro de la Presidencia como una especie de primer ministro, si bien esa figura no existe en nuestro país.
No es lo adecuado que un ministro salga del Gobierno bajo las condiciones en que ha ocurrido con el señor Berrocal y que el presidente no se refiera al tema, siendo que fue él quién lo designó para ese cargo. Eso, sin contar que el país debió esperar 24 horas para conocer una versión oficial más allá de un comunicado que no decía mayor cosa.
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