Editorial
Seguridad Pública
La designación de la diputada Jeannina Del Vecchio como nueva ministra de Seguridad Pública y de Gobernación y Policía ha sorprendido casi a todos. No le conocemos entre sus atestados nada que la acerque a las responsabilidades que deberá asumir.
Es cierto que en algunas áreas, no necesariamente se requiere una preparación directa, pero las primeras manifestaciones que ha hecho la señora Del Vecchio hacen ver que tendrá que trabajar mucho para adecuarse a las exigencias del cargo. De hecho, da la impresión de que su sí a la solicitud de Casa Presidencial ha sido casi una acción temeraria.
Todos esperamos que le vaya bien al frente de los ministerios de Seguridad y de Gobernación y Policía. El país lo necesita. De manera que será imperativo que puedan enrumbarse en la dirección correcta muy pronto.
Entre las primeras acciones de la ministra designada, ella misma destaca sus conversaciones con el viceministro Gerardo Lázcares. Le ha pedido que se quede, después que el funcionario había anunciado inicialmente que se iría en mayo próximo; una gestión que ya en todo caso había comenzado a adelantar la ministra en funciones, Laura Chinchilla. Según Del Vecchio, Lázcares se encargará de atender los asuntos vinculados con robos a casas de habitación y asaltos. Allí, quiere poner especial atención.
Lo curioso es que tras una semana de haber sido designada, no ha puesto interés en reunirse con otros funcionarios de igual rango en los ministerios. Y sorprende, particularmente, que entre estos esté el coronel Gutiérrez, quien es otro funcionario con una basta experiencia en la policía. La ministra no había conversado con él hasta el jueves anterior, pero ya había comenzado a redistribuir responsabilidades.
No parece un buen inicio, salvo que no estuviera interesada en su permanencia en el cargo.
Por otro lado, tras el asesinato de un menor en Tibás esta semana en uno de esos incidentes ya típicos, en los cuales se reconfirma que para los antisociales la vida humana no tiene ningún valor, Del Vecchio ha dicho que quiere a la policía en las calles y no en los cuarteles. Eso, dicho con el mayor de los respetos, no hace diferencia alguna en la situación actual, y solo deja ver un concepto simplista en el abordaje del tema de la seguridad ciudadana.
Actualmente, la policía no tiene instrumentos legales que respalden su acción. Y eso lo saben claramente los antisociales, que ya no se retraen ante la presencia policial. Este es el problema. Allí es donde se requieren acciones concretas, destinadas a reformar las leyes, reconceptualizar los hechos delictivos y plantear, de una vez por todas, qué debe hacer la sociedad con los delincuentes.
Es indispensable tener esos puntos claros. Nosotros creemos que ese nuevo escenario ha de basarse en el criterio de que quien no sepa vivir en sociedad, debe estar separado de la sociedad, por el bien de esta. Y ello no deja espacio para que se insista en dejar a los antisociales en las calles.
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