Editorial
Estados Unidos y Colombia
Hay situaciones que en ocasiones cuesta entender. Las relaciones entre Estados Unidos y Colombia han entrado en un escenario de confusión, que las ubica en esa categoría, pese a que en teoría se podría suponer que deberían estar mejor que nunca.
A lo largo de la administración del presidente Álvaro Uribe, que ya va para seis años, Estados Unidos ha sido el referente de la política internacional. La cooperación en materia de lucha contra los cultivos de coca y contra el narcotráfico ha estado sobre la mesa de manera permanente, y esto es, en mucho, lo que ha ayudado al mandatario colombiano a mantener una buena calificación en su gestión, aun a pesar del peso que tienen en la actualidad en su país las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y los paramilitares, ambos sectores supuestamente ligados al negocio de las drogas, más allá de las acciones armadas.
Sin embargo, Colombia está hoy pagando los platos rotos en el marco de la atípica campaña presidencial que se vive en Estados Unidos, y que no terminará hasta noviembre. El Congreso no ha querido ratificar el Tratado de Libre Comercio (TLC) suscrito entre ambos gobiernos, a raíz de una disputa entre los demócratas y los republicanos sobre la conveniencia de ese acuerdo.
Es curioso que lo hayan planteado así, porque los tratados que Estados Unidos ha negociado en la región son básicamente iguales. Quizá para el caso de Costa Rica sí había algunas diferencias sustanciales, toda vez que aquí hay un monopolio en el mercado de telecomunicaciones y otro en el de seguros, y ambos se rompen en el marco del TLC. Pero, en Colombia, no había tal desde hace ya muchos años.
El problema aquí es que en Estados Unidos hay sectores inquietos con la apertura comercial, y entre ellos destaca la senadora Hillary Clinton, pese a que el proceso inició precisamente durante la administración de su esposo, Bill Clinton.
Ella forma parte ahora de una corriente que cuestiona las inversiones de las empresas de Estados Unidos en países como los nuestros, en tanto según su tesis se reducen las posibilidades de que generen fuentes de empleo para los estadounidenses.
Aunque esto obedece al hecho de que en los países latinoamericanos la mano de obra es más barata que a lo interno de la mayoría de los estados del país norteamericano, este no es un fenómeno que se pueda ver de manera simplista. La tasa de desempleo que registra Estados Unidos, que es de un 11%, deja ver que en realidad la migración hacia aquel país ha sido importante para mantener el ritmo de crecimiento. Sí es cierto que hay un porcentaje casi similar de gente viviendo en la pobreza en Estados Unidos las cifras oficiales hablan de 30 millones, pero la población inmigrante es absolutamente superior a esa.
Desde esa perspectiva, las tesis que ahora se esgrimen para meter en el congelador el TLC con Colombia simplemente resultan contradictorias.
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