Editorial
Inflación fuera de control
Los datos entregados esta semana por el Instituto Costarricense de Estadística y Censos (INEC) sobre la inflación, vienen a confirmar que el país ha tomado un rumbo totalmente opuesto al que se había previsto.
El hecho de que la tasa anualizada esté cercana al 14 por ciento, y que esa cifra sea un 5,5 por ciento más alta que la tasa reportada en la misma fecha del año anterior, enciende todas las luces de alerta.
La meta inicial de la actual administración para este año era de entre un seis y un ocho por ciento, como parte de un planteamiento de descenso escalonado, que debía llevarnos a una situación más o menos similar a la que ya para los tiempos de la pasada campaña política tenían naciones de la región como El Salvador.
Y aunque obviamente la situación en ese país también se ha revertido, para los intereses nuestros alcanzar una inflación del doble de lo que inicialmente se pretendía viene a plantear todo un reto no solo para el Gobierno, sino para el país como un todo.
Estamos claros en que no se trata solo de la vieja discusión sobre la incapacidad de reducir el piso que nos habíamos autoimpuesto en esta materia, y que rondaba el 10 por ciento de inflación anual. Ya eso se ha convertido en un dolor de cabeza difícil de revertir. Pero, en esta ocasión, se ha sumado a la lista de situaciones el problema de los altos precios internacionales del petróleo y las alzas indiscriminadas en los precios de algunos alimentos básicos.
Esas dos realidades, aunadas a la fuerte crisis que comienza en el sector inmobiliario en Estados Unidos, pero que se está extendiendo a otras áreas de igual importancia, han incidido de manera notable en la reversión de los resultados económicos del país.
Si bien los precios del petróleo han comenzado a ensayar una leve baja, están lejos de ubicarse en los términos intermedios que todos los países no productores, como el caso de Costa Rica, desearían. Y lo más grave de ello es que cada vez más se reconfirma que la tendencia al alza es resultado de una simple especulación en el mercado internacional. Si este esquema se vuelve una costumbre, todos los consumidores estarán definitivamente condenados a pagar caprichos por los combustibles, al margen del hecho de que se presenten problemas con la producción o no.
Ese es el tema de fondo aquí. Porque ya no son solo los países productores los que controlan ese mercado. De hecho, cada vez queda más claro que más bien están perdiendo su margen de maniobra, a pesar de que Venezuela todavía mantiene algunos programas como los que desarrolla a través de Petrocaribe, o el que el presidente Hugo Chávez anunció recientemente en España, que le permitirá a ese país comprar crudo a 100 dólares barril, como resultado de una asociación estratégica entre Petróleos de Venezuela y una firma española. Este tema requiere de una acción concertada de los diferentes países. Lo lamentable es que, tras el susto inicial, las manifestaciones han bajado de tono, y las acciones se diluyen en el aire.
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