Editorial
Y seguimos en lo mismo
El pasado lunes se registró un verdadero milagro en la carretera Braulio Carrillo, cuando en un accidente de esos que están destinados a arrasar con todo, solamente murió una persona y cuatro lograron salvar sus vidas.
Posiblemente, esas cuatro personas, entre ellas dos niños, no hayan dimensionado aún los hechos, pero aun cuando lo alcancen a hacer, será difícil que puedan entender cómo salieron vivos de semejante experiencia.
Hasta allí, lo especial de ese hecho que ha llevado luto al hogar de una familia. Porque justo tras decir eso, se abre un escenario de desazón por el persistente esfuerzo de nuestros políticos por hacer que la gente deje de creer en nuestro sistema y en nuestras instituciones.
El conductor del furgón que causó el accidente ha dicho que se quedó sin frenos, y de allí el vuelco que pudo quitar la vida a otras cuatro personas.
Pero, al repasar el historial de sujeto, resulta que en sus registros hay 32 boletas por infracciones a las leyes de tránsito, lo cual no deja espacio para interpretar otra cosa más allá de que este conductor es un irresponsable.
Si tomamos en cuenta que en nuestro país los operativos de control vehicular se realizan a cuenta gotas a lo largo del año, la única forma de que esa no fuera una verdad absoluta, sería que hubiese un oficial de tránsito tan malintencionado y tan ceñido que le persiguiera por todo el país con el fin de confeccionarle boletas de infracción.
Son 32 infracciones que hablan muy mal de un conductor que ahora se ve envuelto en un serio accidente. Y sí, es cierto: puede que en esta oportunidad, la falla mecánica si realmente se presentó haya estado fuera de su control. Pero es indudable que tiene un récord para no tener licencia de conducir.
Claro que no faltarán quienes se empecinen en defender el derecho que pueda tener una persona con semejante historial para estar al volante. Han de tener poco respeto por la vida humana y por la seguridad de las personas. Justo como muchos de nuestros jueces que hacen interpretaciones tan extensivas como se pueda de cada norma, a fin de mantener a todos en las calles.
Son esas las situaciones que tienen que cambiar. De nada valdrá, por ejemplo, que se aumente el monto de las multas por infracciones de tránsito, si al final de cuentas los partes se archivan para ver quién logra establecer la marca mundial en ese rubro, mientras todos siguen manejando como si no hubiese ningún problema.
El que no sabe conducirse respetando las normas de tránsito debe ser sancionado. Y esa sanción no puede limitarse a lo económico, porque sería como pagar para irrespetar esas normas. El espíritu de la ley estaría siendo violentado, porque en la misma ley se establecería el delito, pero se introduciría la posibilidad de pagar para evitar otras sanciones mayores.
Al fin y al cabo, eso es una burla a la gente que sí cree en el sistema y respeta las normas.
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