Editorial
Guerra en México
Desde el inicio de la administración del presidente Felipe Calderón, en México se inició una verdadera guerra contra la delincuencia organizada, que ha terminado por poner en el tapete tan sorprendentes como nefastas revelaciones.
La salida del ejército a las calles, especialmente de los estados fronterizos con Estados Unidos, evidenció que los cuerpos de seguridad del Estado no tenían control sobre el país, y que la delincuencia alcanza ya niveles inmanejables.
Hace varios años que se sabe de la fuerza que han tomado los grupos de narcotraficantes que, en un inicio, competían con los carteles colombianos, pero que hoy día han ocupado los espacios dejados por estos.
Conforme fueron desarrollándose las acciones militares y policiales, fue quedando claro que los narcotraficantes no eran el único centro de problemas. Porque desde ese frente surgieron grupos paramilitares, dedicados al tráfico de armas y del allí, al negocio del secuestro con fines de extorsión, con lo cual se ha llegado a extremos de cobrar rescate y matar o mutilar a las víctimas, como una forma de presión para que los hechos delictivos no sean denunciados.
La situación llevó a que México acumulara al menos tres récords de esos que nadie quiere, en los últimos años. En primer lugar, registra el mayor decomiso de armas en manos privadas en una sola operación, en el mundo. En segundo lugar, tiene el mayor decomiso de drogas en una sola operación en el mundo. En tercer lugar, alcanzó el mayor decomiso de dinero en una sola operación en el mundo. Ya el propio presidente Calderón hablaba de este tema con cierta desazón, pero con la seguridad de que, al mismo tiempo, esos registros eran una especie de reconfirmación de que los operativos desarrollados por el Gobierno Federal van en la senda correcta.
Lo que pasa es que el presidente Calderón no había terminado de hacer sus manifestaciones cuando trascendieron datos oficiales que ubican en poco más de 50 mil los asesinatos ordenados por los sectores ligados al narcotráfico este año, ya sea por disputas internas, por ajustes de cuentas o por efecto de la guerra declarada por el Gobierno.
La cifra delata la magnitud del problema, porque supera con creces balances de guerras civiles en otros países y en otros momentos. Y pone en clara evidencia el poder de destrucción que pueden tener los grupos narcotraficantes, lo cual se asocia, al mismo tiempo, con el ya determinante rol de las drogas entre quienes las consumen.
Esta semana, el Gobierno de Estados Unidos aprobó un primer paquete de ayuda a México en el marco de las acciones que lleva adelante el Gobierno de este país. Se ha tardado en llegar ese apoyo, tomando en cuenta que la fuerte demanda al norte del río Bravo se ha constituido en el mayor atractivo para quienes se dedican a ese negocio.
Y para quienes piensan que este tema no es de resorte de los costarricenses, ojo a las denuncias hechas en México, en el sentido de que Costa Rica es, hoy por hoy, bodega de los carteles de droga de aquel país. Como se ve, Colombia ya no es la única preocupación.
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