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>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Lunes 21 de enero de 2008, 01:50:11.


Editorial

Cuidado con los “accidentes”

Ya en una oportunidad nos habíamos ocupado del tema. Pero es necesario volver sobre los apunes, a propósito de una discusión que se está dando en la Asamblea Legislativa en torno a las reformas a la Ley de Tránsito.

Hay quienes insisten en señalar que no debe haber cárcel para quienes maten a alguna persona en un “accidente” de tránsito. Y, como principio general, puede ser correcto, porque en algún momento los conductores de vehículos pueden encontrarse en una situación en la cual no pueden evitar, por más maniobras que hagan, un accidente, y allí puede morir otra persona.

Esa situación se puede presentar. Pero hay otro cúmulo de realidades que no tienen nada que ver con los accidentes que se presentan a diario en nuestras carreteras. Entonces, esa diferenciación debe estar contemplada en la legislación, a fin de que cada hecho se analice y se sancione como corresponde.

Es necesario insistir aquí en que cuando se suman acciones irresponsables que terminan con la vida de alguien, debe haber castigo justo como cuando se mata a alguien con un arma de fuego o punzo cortante. Porque es la sumatoria de esas acciones irresponsables lo que deriva en el “accidente”. Así, entre comillas, porque desde esta perspectiva, en realidad, ya no sería un accidente.

Recordemos, por ejemplo, el caso del conductor que mató a una familia entera cerca de la Quebrada González, en la Carretera Braulio Carrillo. Allí no estamos frente a un escenario de un accidente porque ese sujeto tenía la licencia suspendida. Vale decir que, por lo tanto, no estaba autorizado para conducir. Además, lo hacía a exceso de velocidad y sin guardar la distancia correspondiente. Eso es lo mismo que jugar con una pistola en un parque infantil y usar a los niños como referencia para el tiro al blanco. En otras palabras, es la suma de elementos que se requieren para que alguien muera.

Quien no piense en esta realidad antes de
actuar no merece consideraciones. Tampoco las merece quien se toma todo el licor que quiere y después sale a la calle y atropella a otra persona, peor aún si tiene la licencia suspendida. Porque está faltando de manera doble, pues sin licencia no está autorizado a conducir, y con tragos de más, tampoco. Y a esto hay que sumar que la ley le exige dar la cara y no fugarse como si hubiese atropellado tan solo un puñado de zacate.

Estas diferencias, que no son sutilezas ni mucho menos, deben reflejarse en la ley. Lo contrario sería una farsa de frente a la realidad que vive el país, que nos muestra un día sí y otro también, como la irresponsabilidad es cubierta por las excusas como si la vida no valiera nada.

Los diputados deben entrar en este nivel de precisión, de manera que los crímenes al volante no queden impunes. La diferenciación de los hechos es necesaria y es conveniente.

Nótese que en algunos “accidentes” de tránsito concurren las violaciones recurrentes a la ley y a los mandatos de los tribunales. Si los conductores no actuaran de esa manera, muchas vidas se habrían salvado. Ese elemento no puede pasar inadvertido.





 



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