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>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Sábado 26 de enero de 2008, 01:26:11.


Editorial

Comprando respaldo

La República Popular de China es la nueva amiga de Costa Rica. La administración Arias ha promovido un marcado acercamiento con el gigante asiático, en un proceso que llevó a establecer relaciones entre ambos países a partir del 1º de junio del año pasado.

Como parte de esa nueva estructura de relaciones, una delegación del Partido Comunista Chino visitó nuestro país esta semana e incluso fue recibida por el presidente Arias el jueves pasado.

El Gobierno tiene la potestad para establecer relaciones entre Costa Rica y cualquier país del mundo. Y la Casa Presidencial está en todo el derecho de definir cómo llevar esas relaciones. En eso estamos claros.

Sin embargo, conforme pasa el tiempo y se intensifican esas relaciones, se consolida más la impresión de que se están pasando por alto aspectos de la realidad china que no son acordes con las tradiciones costarricenses.

En LA PRENSA LIBRE hemos insistido en el tema, pero parece que pesa más el interés comercial derivado del hecho de que nuestro nuevo socio comercial tiene una población de 1.300 millones de habitantes.

Y no es que no se deba comerciar con China. Nadie está planteando eso. Pero cada vez son más los proyectos de cooperación que se están poniendo sobre la mesa, en los cuales por supuesto solo aquel país pone dinero. Y da la impresión de que estamos vendiendo ese reconocimiento diplomático que le hemos dado al régimen de Pekín.

Tampoco quiere decir que no se puedan negociar acuerdos. Pero estamos tomando todo el dinero que nos ofrecen, sin meditar un instante en ninguna otra cosa.

El tema de los derechos humanos ya no está sobre el tapete. A nadie le interesa si la altísima producción china se construye sobre bases decentes o no, o si el sistema político reconoce o no la libertad de pensamiento y de expresión. Tampoco si se explota a la mano de obra o no.

Y, frente a este cuadro tenemos otro: el de Cuba, al que nuestro país sigue castigando anualmente cuando se discute la situación de los derechos humanos en el seno de Naciones Unidas.

No es que lo de Cuba deba disimularse. Es claro que no. Pero sería tan grave una realidad como la otra. Y allí es donde está el problema: estamos olvidando que lo malo es malo independientemente de quién sea responsable de ello.

Los casos de abusos por parte del régimen chino a través del tiempo son obvios. Y si ahora los pasamos por alto, no tendremos autoridad moral para señalar a otros, pues seremos cómplices.

Esa es la posición que no debería adoptar Costa Rica, porque su tradición dicta lo contrario y está basada sobre criterios que los ciudadanos de este país han defendido a toda costa.

China debería revisar su situación. Y el mundo debería recordárselo permanentemente. Si nos salimos de esa dinámica estamos dejando de lado nuestra responsabilidad histórica. En todo caso, nadie ha dicho que esto no se puede empatar con el comercio.





 



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