Logo

Portada
Nacionales
Internacionales
Opinión
Economía
Deportes
Sucesos
Purruja
Abanico
Clasificados



   TIPO DE CAMBIO $
   COMPRA: ¢ 493,72
   VENTA: ¢ 499,44

   NOTICIAS DE
 ULTIMA HORA



>>OPINIÓNSan José, Costa Rica, Lunes 4 de febrero de 2008, 10:29:14.


Editorial

Apuntes para una reforma

Ahora que el presidente de la Asamblea Legislativa, Francisco Antonio Pacheco, ha vuelto a poner sobre la mesa el tema de la reforma al Reglamento de Orden, Dirección y Disciplina bajo el cual se rige ese Poder de la República, es oportuno hacer algunos apuntes concretos que deberían valorarse.

En primer lugar, es claro que el Reglamento está hecho para que las cosas no se resuelvan. Eso es irracional, porque somete al país a una situación de indefinición que no permite tener certeza de nada, nunca.

Pero hay dos situaciones que se deben juntar para plantear una reforma adecuada y viable. La primera es que no se traiga el tema al tapete a la luz de un interés específico, como ocurre ahora, cuando quienes están a favor de los proyectos de implementación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos sienten la presión de los plazos que corren, dado que no se avanza al ritmo que quieren en la tramitación de esas iniciativas. La segunda es que haya un verdadero compromiso de las partes por hacer de la Asamblea Legislativa una entidad eficiente.

En segundo lugar, cualquier reforma que se haga debe estar dirigida a ordenar de una manera razonable la tramitación de proyectos en el Congreso. Esto debería pasar por separar la discusión de las iniciativas de ley de lo otro que tanto inquieta a los legisladores: el control político. Bajo esta premisa, los diputados tendrían que dedicar un tiempo específico a discutir y resolver sobre los proyectos, y otro tiempo específico a la acción política.

En tercer lugar, para todos los proyectos se deben establecer plazos de discusión concretos, tomando en cuenta —eso sí— las consultas a los sectores involucrados y un marco de discusión concreta que deje espacio para analizar de principio a fin las iniciativas, pero en que los diputados luego se limiten a hacer constar sus posiciones, para pasar a la votación.

La azul lógica, en la que nada se vota si no todos están de acuerdo con el proyecto en discusión, no tiene sentido. Si un proyecto tiene apoyo, pues que se apruebe. Si un proyecto no tiene los votos para ser aprobado, pues que se rechace y se siga con otro. El país no puede quedar paralizado indefinidamente porque quienes quieren que algo se apruebe no suman los votos suficientes, o porque quienes no quieren que algo se apruebe son los que no suman mayoría.

En todo caso, unos y otros tienen la posibilidad de volver a llevar los temas al Congreso, de manera que con nuevas iniciativas podrían buscar más adelante algo más cercano a sus tesis. Para eso, la Asamblea tiene toda la potestad para reformar las leyes.

Así es como trabajan todos los congresos de los países que se precien de entender que el tiempo es oro y que las soluciones que llegan a destiempo siempre serán peores que las no muy buenas soluciones adoptadas a tiempo. En todo caso, si revisamos el historial de nuestra Asamblea Legislativa, es claro que casi en todas las leyes los diputados suelen “meter los escarpines”, ya sea por acción o por omisión. Dicho de otra manera, a pesar de todo el tiempo que se pierde en el trámite de los proyectos, al final nunca salen leyes perfectas.





 



Miembro de la Sociedad Periodística Extra Ltda.
Diario ExtraLa Prensa LibreCanal 42Radio América